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En Lima, muchos periodistas de todos los  medios y sobre todo muchas  personas entrevistadas por éstos, en el día del amor o día de los enamorados, frente a las manifestaciones públicas aberrantes e inmorales de algunos homosexuales y partidarios del supuesto “matrimonio” homosexual, justificaban estos actos aduciendo que se debe tener “tolerancia”; es decir que en aras de la tolerancia se puede permitir hacer lo malo.  Puesto que muchos periodistas y personas  en general, no tienen un concepto real de la tolerancia; les invito a leer el siguiente segmento de un  discurso que dio el Elder Russell M. Nelson del Quórum de los Doce Apóstoles en una conferencia general del año 1994, en el cual trató éste tema que nos permite entender el concepto de tolerancia.

La tolerancia es una virtud muy necesaria en nuestro mundo turbulento; pero debemos reconocer que existe una diferencia entre tolerancia y tolerar. Tener una tolerancia afable hacia otra persona no le concede a ésta el derecho de hacer lo malo; tampoco la tolerancia te obliga a tolerar la mala conducta de los demás. Esa distinción es fundamental para entender esta virtud importantísima.

Dos grandes mandamientos

Nuestras más altas prioridades en esta vida son amar a Dios y amar a nuestros semejantes 1 . Eso, en términos generales, incluye al prójimo en nuestra propia familia, en nuestra comunidad, en nuestra nación y en el mundo. La obediencia al segundo mandamiento facilita la obediencia al primer mandamiento. “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17).

El bautismo trasciende las diferencias

En todo continente y en las islas del mar, los fieles se están congregando en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Las diferencias culturales, de idioma, de sexo y de rasgos físicos se vuelven insignificantes a medida que los miembros se entregan al servicio de su amado Salvador.

Sólo la comprensión de la verdadera paternidad de Dios brinda plena apreciación de la verdadera hermandad del hombre. Ese entendimiento inspira el deseo de establecer puentes de cooperación en vez de muros de segregación.

La intolerancia siembra la contención; la tolerancia elimina la contención y es la llave que abre la puerta al entendimiento mutuo y al amor.

Los riesgos de la tolerancia sin límites

Permítanme agregar una nota importante de precaución. Se podría suponer erróneamente que, si un poquito de algo es bueno, mucho sería mejor. ¡No es así! La sobredosis de un medicamento necesario puede ser tóxica; la misericordia sin límites podría oponerse a la justicia. De igual forma, la tolerancia sin límites puede llevar al libertinaje.

El Señor estableció fronteras para definir los límites aceptables de tolerancia. Se corre peligro cuando se desobedecen esos límites divinos. Al igual que los padres enseñan a sus hijos a no correr ni jugar en las calles, el Salvador nos enseñó que no debemos tolerar la maldad. “Y entró Jesús en el templo de Dios… y volcó las mesas de los cambistas” (Mateo 21:12; véase también Marcos 11:15). Aunque ama al pecador, el Señor dijo que “…no pued[e] considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia” (D. y C. 1:31).

El verdadero amor por el pecador puede dar lugar a valientes confrontaciones, pero no al consentimiento. El verdadero amor no aprueba el comportamiento autodestructivo.

Tolerancia y respeto mutuos

Nuestro compromiso con el Salvador nos hace desdeñar el pecado pero guardar Su mandamiento de amar a nuestros semejantes. Vivimos juntos en esta tierra, la cual se debe cuidar, cultivar y compartir con gratitud 2 . Cada uno de nosotros puede ayudar a que la vida en este mundo sea una experiencia más placentera.

La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles publicaron una declaración de la cual cito lo siguiente:

“Es moralmente erróneo que una persona o grupo de personas niegue a cualquier otra su dignidad inalienable en base a la horrenda teoría de una superioridad racial o cultural.

“Instamos a todas las personas, dondequiera que estén, a volver a comprometerse a los ideales siempre honrados de la tolerancia y el respeto mutuos. Con toda sinceridad creemos que al aceptarnos los unos a los otros con consideración y compasión, descubriremos que todos podemos coexistir en forma pacífica a pesar de nuestras profundas diferencias” 3 .

Juntos podemos permanecer intolerantes ante la transgresión, pero ser tolerantes con nuestros semejantes que tengan diferencias que consideren sagradas. Todos nuestros queridos hermanos y hermanas alrededor del mundo son hijos de Dios; Él es nuestro Padre; Su Hijo, Jesús, es el Cristo; Su Iglesia ha sido restaurada a la tierra en estos últimos días para bendecir a todos los hijos de Dios.

El Salvador nos enseñó que no debemos tolerar la maldad. “Y entró Jesús en el templo de Dios… y volcó las mesas de los cambistas”.

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