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Una persona que dice: “tengo la conciencia tranquila”, quiere decir que es una persona que se encuentra libre de angustia, libre de dolor, libre de culpabilidad, libre de vergüenza y libre de la condenación propia. La conciencia tranquila otorga un cimiento para la felicidad, en consecuencia es una condición de gran valor, que aún así, creo que muy pocas personas sobre la tierra la disfrutan. ¿Por qué es así?, simplemente porque la mayor de la veces, los principios sobre los cuales se basa la paz de conciencia, no se han comprendido o no se han seguido apropiadamente.

Para comprender estos principios, diremos que, la paz de conciencia, en primer lugar es el principal ingrediente para tener una paz mental. Sin la paz de conciencia no se puede tener paz mental. Lo que sucede es que la paz de conciencia esta relacionada con el ser interior que tiene cada uno y es controlada por lo que hacemos. La paz de conciencia solamente podría ser recibida de Dios mediante una vida recta y obediente; de otra manera no podría existir. En cambio, la paz mental generalmente afectada por fuerzas externas como las preocupaciones que cualquier persona tiene por su familia, por ejemplo, por los problemas económicos que nos agobian, por las ofensas reales o imaginarias, por las condiciones en deterioro del mundo o por falta de tiempo para hacer algo. La intranquilidad mental, felizmente, es temporal y transitoria, la paz mental puede restaurarse cuando los problemas externos anteriormente señalados, por ejemplo, son resueltos. No sucede lo mismo, con una conciencia atribulada, porque ella es un recordatorio permanente y siempre nos dice que necesitamos enmendar nuestros errores pasados, de aclarar una ofensa o de arrepentirnos de cualquier transgresión.

Claro que es posible, acallar una conciencia inquieta en forma temporal al estimar físicamente la mente y el cuerpo cediendo al alcohol, a la droga, a la pornografía y a otras cosas peores. Todo ello, con la finalidad de tratar de calmar inútilmente una conciencia afligida, con el riesgo mas bien de caer en adicciones implacables.

La Luz de Cristo, que es el poder o influencia divina procedente de Dios por medio de Jesucristo, da vida y luz a todas las cosas, induce a todos los seres racionales de la tierra a discernir la verdad del error, lo correcto de lo incorrecto; activa la conciencia debilitada por las transgresiones y adicciones, de tal modo que se restablece mediante un arrepentimiento adecuado.

Es conveniente entender, que aun con paz de conciencia, uno puede tener periodos temporales en los que la paz mental, se ve interrumpida por preocupes externas. La comprensión que se tenga de estas razones causantes, puede aliviar gran parte de la presión que ésta ejerce. En la medida que la vida personal se ajusta a las enseñanzas del Señor, será posible encontrar su ayuda para aliviar esos problemas. De este modo, la fé en el Señor y en Sus enseñanzas nos brindará la paz mental que requerimos.

En conclusión, es posible recobrar la paz de conciencia cuando uno se arrepiente de las transgresiones personales que le hayan producido una conmoción interior. Entonces, la paz mental se asegurará cuando se hayan resuelto las presiones externas que hayan causado la ansiedad, preocupación y angustia temporales. Sin embargo, no se logrará la felicidad perdurable, sino hasta que, por medio del arrepentimiento, se satisfaga personalmente la ley que uno haya quebrantado a fin de devolver la paz a una conciencia atribulada.

 

 

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