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cuadro_febrero_2002-adan-y-eva.jpeg“…Podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido” (Moisés 3:17).

Dios nos ha dicho por medio de sus profetas que somos libres de escoger entre lo bueno y lo malo. Podemos elegir la libertad y la vida eterna siguiendo a Jesucristo; como así también el cautiverio y la muerte, como resultado de seguir a Satanás (véase 2 Nefi 2:27). Al derecho de escoger entre lo bueno y lo malo se le llama albedrío.

El albedrío es un principio eterno

En la vida preterrenal poseíamos el albedrío, lo cual significa que teníamos la libertad para actuar de acuerdo con nuestro propio criterio (véase D. y C. 93:29–30). Uno de los propósitos de la vida terrenal es demostrar qué clase de elecciones haremos (véase 2 Nefi 2:15–16). Si se nos forzara a escoger lo correcto, no podríamos demostrar qué hubiéramos elegido si se nos hubiera dado la oportunidad de escoger por nosotros mismos. Además, hacemos las cosas con más gusto cuando hemos hecho nuestras propias elecciones.

El albedrío debe haber sido uno de los temas principales que se debatieron en el concilio celestial, y fue sin lugar a dudas una de las causas principales del conflicto entre los espíritus que apoyaban a Cristo y los que apoyaban a Satanás. Fue Satanás quien dijo que haría que todos regresáramos a la presencia de nuestro Padre Celestial, pero nos habría privado de nuestro albedrío. Cuando su oferta fue rechazada, se rebeló y fue echado de los cielos junto con sus seguidores (véase D. y C. 29:36–37).

El albedrío es una parte necesaria del plan de salvación

El albedrío hace de nuestra vida terrenal un período de probación. Cuando planeaba la creación del hombre en su estado mortal, Dios dijo: “y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” (Abraham 3:25). Sin el don del albedrío habríamos sido incapaces de demostrarle a nuestro Padre Celestial si habríamos hecho o no lo que Él nos mandara. Así, al poder escoger, somos responsables de nuestras propias acciones (véase Helamán 14:30–31).

Cuando elegimos vivir de acuerdo con el plan que Dios tiene para nosotros, nuestro albedrío se fortalece. Las elecciones correctas incrementan nuestra capacidad de hacer más elecciones de ese tipo.

Al obedecer cada uno de los mandamientos de nuestro Padre Celestial, progresamos en sabiduría y fortalecemos nuestro carácter; nuestra fe se incrementa y nos resulta más fácil tomar decisiones correctas.

Comenzamos a hacer elecciones cuando vivíamos en presencia de nuestro Padre Celestial como Sus hijos espirituales; y esas elecciones nos hicieron dignos de venir a la tierra. Nuestro Padre Celestial desea que aumente nuestra fe, nuestro poder, nuestro conocimiento, nuestra sabiduría y otras cualidades positivas. Por consiguiente, si guardamos Sus mandamientos y tomamos las decisiones correctas, aprenderemos y comprenderemos; y llegaremos a parecernos más a Él (véase D. y C. 93:28).

Para que exista el albedrío tiene que haber opciones

No podemos escoger a menos que se nos presente la opción entre lo bueno o lo malo. Lehi, un gran profeta del Libro de Mormón, le dijo a su hijo que a fin de que se cumpliesen los eternos propósitos de Dios debía haber “…una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal” (2 Nefi 2:11).

Dios permite que Satanás se oponga a lo bueno y dijo de él: 

“…Hice que fuera echado abajo…

“y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz” (Moisés 4:3–4).

Satanás hace todo lo que está a su alcance para destruir la obra de Dios; y sólo busca “…la miseria de todo el género humano… que todos los hombres sean miserables como él” (2 Nefi 2:18, 27). No nosama ni nos desea ningún bien; no desea que seamos felices, sino que seamos sus esclavos, y utiliza muchos disfraces para capturarnos.

Cuando cedemos ante las tentaciones de Satanás, limitamos nuestras elecciones. El siguiente ejemplo nos demuestra en qué forma lo hace. Imaginen que ven un letrero en la playa que dice: “Peligro. Remolino. Prohibido nadar en esta zona”. Podemos pensar que esto representa una restricción, pero, ¿lo es en realidad? Todavía tenemos muchas elecciones delante de nosotros: Podemos ir a nadar a otro lado; somos libres de caminar por la playa y juntar conchas de mar; somos libres de contemplar el atardecer; somos libres de regresar a nuestra casa; y a la vez, somos libres de hacer caso omiso a las advertencias de peligro y nadar en el lugar. Sin embargo, una vez que seamos atrapados por el remolino, éste nos arrastrará y tendremos muy pocas oportunidades de elegir. Podremos tratar de escapar o de pedir ayuda, pero es muy posible que nos ahoguemos.

A pesar de que somos libres de elegir nuestro curso de acción, no somos libres de escoger las consecuencias que traen aparejadas nuestras acciones, las cuales, ya sean buenas o malas, serán el resultado natural de cualquier elección que hagamos (véase Apocalipsis 22:12).Por ejemplo, si tocamos una llama, nos quemaremos.

Nuestro Padre Celestial nos ha dicho cómo escapar del cautiverio de Satanás. Debemos estar alertas y orar siempre, pidiendo a Dios que nos ayude a sobreponernos a las tentaciones de Satanás (véase 3 Nefi 18:15). Nuestro Padre Celestial no permitirá que seamos tentados más allá de nuestra capacidad para resistir (véase 1 Corintios 10:13).

Los mandamientos de Dios nos guían lejos del peligro y nos conducen hacia la vida eterna. Mediante una sabia elección, podremos ganar la exaltación y el progreso eterno, así como gozar de una felicidad perfecta (véase 2 Nefi 2:27–28).

Pasajes adicionales de las Escrituras

Moisés 7:32 (la libertad de elección).

• Abraham 3:24–25 (la vida terrenal es una prueba).

• Moroni 7:5–6 (seremos conocidos por nuestras obras).

• 2 Nefi 2:11–16 (la oposición es necesaria).

• Moroni 7:12–17 (la elección entre lo bueno y lo malo)

• 2 Pedro 2:19; Juan 8:34 (el pecado es esclavitud).

• 2 Nefi 2:28–29; Alma 40:12–13 (la recompensa será de acuerdo con las obras). 

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