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gdore2.jpgEn el Evangelio escrito por Mateo y en el de Lucas, se habla de las doce personas que fueron testigos del Santo Nacimiento de Cristo. Aunque el testimonio individual de esas personas en sí son extraordinarios, juntos constituyen un poderoso testimonio del nacimiento de Cristo. Cuando leemos sus relatos, nos damos cuenta que son apropiados y ocupan el lugar correspondiente, esto sumamente notable, teniendo en cuenta que tanto Mateo como Lucas cuentan diferentes partes de la historia.

La narración de la Navidad empieza en el Santo Templo, con el anuncio de un ángel a un sacerdote que oraba para que ocurriera ese acontecimiento y termina con el malévolo plan de Herodes para eliminar al Niño. La historia habla de la forma en que los cielos se abrieron a los sacerdotes y a legos, a hombres y mujeres, a jóvenes y viejos, a poderosos y a humildes por igual.

Cada uno de los siguientes personajes, fue llamado a ser un testigo importante de ésta, la más hermosa de todas las historias.

1° Testigo, su nombre : GABRIEL Gabriel es mencionado en el Nuevo Testamento, como un mensajero que vino de la presencia de Dios. Como era de esperarse, este mensajero apareció en el templo, a un sacerdote fiel del orden Aarónico llamado Zacarías, quien se encontraba orando por su nación y quemando incienso en el altar del Lugar Santísimo.2º Testigo, su nombre: ZACARÍAS.

Era uno de los “justos y santos” (Alma 13:26) quien junto a su esposa Elizabet constituyen la pareja a quienes se le prometió un hijo que llegaría a ser el precursor del Mesías. Zacarías no creyó en esta profecía y quedo mudo “hasta el día en que esto se haga” (Lucas 1:20).

3° Testigo, su nombre: ELIZABET.

En las escrituras, leemos que Juan estaría “lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Lucas 1:15). Esto fue verdad, porque “cuando oyó Elizabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elizabet fue llena del Espíritu Santo” (Lucas 1:41).Elizabet, como un “vaso precioso” (Alma 7:10), reconoció la naturaleza especial de su propio hijo y testificó de la divinidad del hijo de María, exclamando: “… Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

4º Testigo, su nombre: JUAN EL BAUTISTA.

De la misma manera como Cristo era, por su nacimiento, el heredero legítimo del trono de David, Juan nació siendo el heredero legítimo del oficio de Elías. Su ministerio de ir “delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos” comenzó en la forma apropiada al saltar de gozo dentro del vientre de su madre (Lucas 1:76,41,15).

5º Testigo, su nombre: MARÍA.

No podría existir un testigo terrenal más perfecto de la divinidad de Cristo como Hijo de Dios que Su madre, María. Ella había recibido la promesa de Gabriel de que concebiría en su vientre al “Hijo del Altísimo”. Después de ese hecho maravilloso, María dijo: “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso: Santo es su nombre” (Lucas 1:32, 49).

6° Testigo, su nombre: JOSÉ.

No hay palabras registradas de José en las Escrituras, pero su rectitud y su reacción ante la condición de María atestiguan su creencia en la ascendencia divina de Cristo.Cada una de las acciones de José, fueron un testimonio de su convicción de que el Niño era la esperanza de Israel, el Hijo de Dios.

7° Testigo, su nombre: LOS PASTORES.

Aquellos pastores testificaron ante parientes y conocidos, y contaron su experiencia en los recintos del templo desde donde sadría la noticia entre todas las naciones de la tierra. Lucas no dice que, después que los pastores vieron “al niño acostafdo en el pesebre … dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño” (Lucas 2:16 – 17).

8° Testigo, su nombre: LOS COROS CELESTIALES.

Después del anuncio que el ángel hizo a los pastores, “repentinamente apareció … una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios”. Los coros celestiales prorrumpieron en alabanzas ante los humildes pastores de Judea: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13 – 14). De este modo, proclamaron el nacimiento del Salvador entre los esparcidos restos de Israel.

9° Testigo, su nombre: SIMEÓN.

En Jerusalén había un hombre anciano, “justo y piadoso” (Lucas 2:25), quien había recibido la promesa del Señor de que no moriría sin haber visto al Salvador; inspirado por el Espíritu, fue al templo donde tuvo en sus brazos al Niño Jesús.Según Lucas, Simeón dijo: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; “porque han visto mis ojos tu salvación, “la cual has preparado en presencia de todos lo pueblos; “luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 29-32).

10° Testigo, su nombre: ANA.

No solamente fue el maravilloso testimonio de Simeón, el que se expresó en ese momento. Ana, una anciana viuda cuyo nombre significa “llena de gracia” también fue un testimonio de Jesucristo.Después de ver al Niño y a sus padres, testificó de Cristo “a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2:38).

11° Testigo, su nombre: LOS MAGOS DEL ORIENTE.

Sólo Mateo hace una referencia sobre la llegada de los magos del oriente, que ocurrió poco después de nacer el Salvador. “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?”, preguntaron, “Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (mateo 2:1, 2).

12° Testigo, su nombre: HERODES.

El testigo menos esperado y reacio, Herodes el Grande, el rey de Israel. Herodes había hecho una alianza con los poderes del mundo; sus amigos eran Augusto, Roma y la conveniencia; él había masacrado a sacerdotes y nobles, había mandado a matar a miembros del Sanedrín, mandó a asesinar a todo el que fuera víctima de sus sospechas, incluso mandó asesinar a tres de sus hijos y a otros varios parientes.A este hombre, que era la personificación de la maldad que había en el mundo, dieron los magos del oriente su testimonio de que había nacido el legítimo rey y gobernante de Israel. 

OTROS TESTIGOS

La historia de la Natividad, menciona estos doce testigos del nacimiento del Salvador e ilustra la forma en que el conocimiento de Dios se restaura y se esparce por todas las naciones de la tierra.

El conocimiento de Dios se esparce por medio de testigos especiales, testigos que fueron llamados y preparados en concilios celestiales. Estos testigos especiales son, los hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con instrucción académica o sin ella, que andan “irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6), que tienen sueños, que son instruidos por ángeles y que están llenos del Espíritu Santo.

Así ha sido siempre, y así seguirá siendo.  

Ref. Liahona Diciembre 92 




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