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Cuando vivíamos con nuestros Padres Celestiales, en calidad de hijos espirituales, nuestro Padre Celestial nos habló del plan que tenía para que llegáramos a ser más como Él. Cuando escuchamos Su plan, clamamos con gran gozo (véase Job 38:7). Estábamos ansiosos por tener nuevas experiencias. Sin embargo, para que eso sucediera, era necesario que nos alejáramos de la presencia de nuestro Padre y recibiéramos cuerpos mortales. Necesitábamos otro lugar para vivir en donde pudiéramos prepararnos para ser como Él. A nuestro nuevo hogar se le llamó tierra.

¿Quién creó la tierra para nosotros?

Jesucristo creó este mundo y todo lo que hay en él. También creó muchos mundos más, y lo hizo por medio del poder del sacerdocio y bajo la dirección de nuestro Padre Celestial. Dios, el Padre, dijo: “Y he creado incontables mundos, y… los he creado… por medio del Hijo, que es mi Unigénito” (Moisés 1:33).

La creación

La tierra y todo lo que hay en ella se creó espiritualmente antes de crearse físicamente (véase Moisés 3:5). Al planear la creación de la tierra en su estado físico, Cristo dijo a quienes se hallaban con Él:“…Descenderemos, pues hay espacio allá… y haremos una tierra sobre la cual éstos [los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial] puedan morar” (Abraham 3:24).

Bajo la dirección del Padre, Cristo formó y organizó la tierra. Dividió la luz de las tinieblas para hacer el día y la noche. Formó el sol, la luna y las estrellas; separó las aguas de la tierra firme para formar mares, ríos y lagos. Hizo que la tierra fuera hermosa y productiva; y formó el césped, los árboles, las flores y otras plantas de todo tipo, que contenían semillas de las cuales podrían crecer nuevas plantas. Luego, creó los animales: peces, ganado, insectos y pájaros de todas clases. Esos animales tenían la habilidad de reproducirse según su especie.

Ahora, la tierra estaba lista para la creación más importante: el género humano. Nuestros espíritus recibirían cuerpos de carne y sangre para que de esa forma pudieran vivir en la tierra. “Y yo, Dios, dije a mi Unigénito, el cual fue conmigo desde el principio: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y fue hecho” (Moisés 2:26). Y así se formaron el primer hombre, Adán y la primera mujer, Eva, y se les dieron cuerpos semejantes a los de nuestros Padres Celestiales. “…a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Cuando el Señor hubo terminado sus creaciones, se sintió complacido y supo que su obra era buena; y descansó por un tiempo.

Las creaciones de Dios demuestran Su amor

Nosotros vivimos ahora en este mundo hermoso. Piensen en el sol, que nos brinda luz y calor; en la lluvia, que hace que las plantas crezcan y deja el ambiente limpio y fresco. Piensen en lo hermoso quees escuchar el canto de un pajarito o la risa de un amigo, lo maravilloso que es nuestro cuerpo; la forma en la cual podemos trabajar, divertirnos y descansar. Al tener en cuenta todas esas creaciones, comenzamos a entender lo sabios, poderosos y amorosos que son Jesucristo y nuestro Padre Celestial. Ellos nos demostraron un gran amor al proporcionarnos lo necesario para satisfacer todas nuestras necesidades.

La vida vegetal y la animal también se hicieron con el propósito de darnos gozo. El Señor dijo: “Sí, todas las cosas que de la tierra salen, en su sazón, son hechas para el beneficio y el uso del hombre, tantopara agradar la vista como para alegrar el corazón; sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el alma” (D. y C. 59:18–19). A pesar de que las creaciones de Dios son muchas, Él las conoce y las ama a todas. Él dijo: “…para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco” (Moisés 1:35).

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • Génesis 1:1–2:7;
  • Abraham 3:22–23 y los capítulos 4 y 5;
  • Moisés 1:27–42 y los capítulos 2 y 3 (relatos de la Creación).
  • Hebreos 1:1–3;
  • Colosenses 1:13–17;
  • D. y C. 38:1–3 (Jesús el Creador).
  • D. y C. 59:18–20;
  • Moisés 2:26–31;
  • D. y C. 104:13–17;
  • Mateo 6:25–26 (la Creación demuestra el amor de Dios).

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