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¿Quién, cuando tenía entre 15 y 18 años, no ha participado de una gran fogata?, sobre todo en las noches de verano, en la playa. ¿Quién, no ha estado a punto de quemarse, las manos, por ser intrépido y parecer valiente y atento con las jovencitas?, ¿Quién no se ha quemado un poquito con la fogata?; ¿ Quién no ha aprendido en su juventud, en este tipo de reuniones, que jugar con fuego es peligroso?: Pues todos aquellos que lo han hecho, de alguna u otra forma.

¿Jugar con fuego, es tremendamente peligroso, de igual forma sentir curiosidad por Satanás y sus misterios, es tremendamente peligroso.

¿En la última Liahona el presidente J.E Faust, Sdo. Consejero de la 1ra. Presidencia, dijo:

Siento la necesidad de elevar una voz de advertencia contra el diablo y sus ángeles, la fuente y origen de todo mal. Lo hago en un espíritu de oración, puesto que Satanás no es un tema edificante. Yo lo considero el gran imitador.

Considero que a medida que el reino de Dios se vaya afirmando, presenciaremos una mayor evidencia del poder de Satanás. Creo que el hecho de que Satanás se esfuerce cada vez más, confirma en gran medida la veracidad de esta obra. En el futuro, la oposición será más sutil y al mismo tiempo más abierta; vendrá enmascarada con mayor sofisticación y astucia, pero también de manera más insolente. Necesitaremos mayor espiritualidad para percibir todas las manifestaciones del mal, así como mayor fuerza para resistirlo. No obstante, las decepciones y los reveses que sufra la obra de Dios serán provisionales, pues la obra seguirá adelante (DyC 3:1;65:2)

No es sensato cultivar la curiosidad por Satanás y sus misterios. El acercarse al mal no depara nada bueno. Resulta muy fácil quemarse, como cuando se juega con fuego: “El conocimiento del pecado incita a cometerlo” (Joseph F. Smith, Doctina del Evangelio, pág. 367)

El único camino seguro es el de mantenernos bien distanciados de él y de todas sus maldades y sus abominables obras. Las perversiones de adorar al diablo, hacer brujería, hechicería, vudú, realizar encantamientos, magia negra y toda otra práctica demoníaca deben evitarse a toda costa.

Sin embargo, el presidente Brigham Young (1801–1877) dijo que es importante “estudiar… el mal y sus consecuencias” (Discourses of Brigham Young, sel. John A. Widtosoe, 1941, pág. 257)

Puesto que Satanás es el artífice de todo el mal que existe en el mundo, es esencial advertir que él es la fuerza motriz de la oposición a la obra de Dios. Alma declaró este hecho de manera concisa: “…todo lo que es bueno viene de Dios; y todo lo que es malo, del diablo procede(Alma 5:40)

La razón principal por la que he escogido este tema es la de ayudar a los jóvenes y advertirles, como dijo Pablo: “para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones (2Corintios 2:11).

Esperamos que los jóvenes, que no conocen las artimañas del mundo, sean capaces de mantenerse apartados de las seducciones y de los engaños de Satanás. Yo no puedo decir que sea un experto en las técnicas que Satanás emplea, pero a veces he logrado percibir su influencia y su intervención en mi vida y en la de los demás. Durante mi primera misión, Satanás procuró apartarme del camino que me aguardaba en el futuro, y si hubiera sido posible, inutilizarme para la obra del Señor. Eso sucedió hace más de sesenta años, y todavía me acuerdo de lo razonables que parecían sus planteamientos.

La seductora voz del diablo

¿Quién no ha oído ni sentido los susurros del diablo? A menudo, su voz parece ser muy razonable y su mensaje fácil de justificar. Se trata de una voz atractiva e intrigante emitida con tonos placenteros. No es ni brusca ni discordante. Nadie escucharía la voz de Satanás si sonara áspera o maliciosa. Si su voz fuera desagradable, no persuadiría a nadie a que la escuchara.

Shakespeare escribió: “El príncipe de las tinieblas es un caballero”(William Shakespeare, Obras completas, “El rey Lear, Acto 3, rescena IV, Madrid, 1967, pág. 1660)y “El demonio puede citar la Escritura para justificar designios”(William Shakespeare, Obras completas, “El Mercader de Venecia, Acto 1, rescena III, Madrid, 1967, pág. 1052)

En su calidad de gran imitador, Lucifer dispone de una portentosa capacidad de engaño. Como Pablo dijo a los Corintios: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”(2Corintios 11:14; 2Nefi 9:9)

Entre los argumentos más seductores de Satanás se encuentran los siguientes: “Todo el mundo lo hace”, “Si no le hace daño a nadie, no pasa nada” y “Si me siento bien al respecto, es que está bien”; y también “Hay que hacerlo para estar a la última moda”. Estos ruegos sutiles convierten a Satanás en el gran imitador, el maestro embaucador, el inigualable falsificador y el gran embustero.

Todos contamos con un sistema de frenos interno que nos detendrá antes de que sigamos a Satanás demasiado tiempo por el camino equivocado. Se trata de la voz apacible y delicada interior. No obstante, si cedemos a la tentación de Satanás, el sistema comienza a perder líquido de frenos, y nuestro mecanismo de parada se debilita y pierde su eficacia.

¿Nefi nos proporcionó el modelo o la pauta que sigue Satanás en sus acciones:

Y a otros los pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.

“Y he aquí, a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo, porque no lo hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas, de las cuales no hay rescate”(2Nefi 28:21-22)

La Primera Presidencia describió a Satanás de este modo: “Utiliza un disfraz tan perfecto que muchos no lo reconocen ni a él ni a sus artimañas. Él no se echaría atrás ante ningún crimen, no dudaría en dar pie a cualquier tipo de libertinaje, no retendría ninguna plaga, no dudaría en romperle el corazón a nadie, no perdonaría ninguna vida, no se privaría de destruir ningún alma. Llega como ladrón en la noche; es un lobo disfrazado de cordero”(James R. Clark, comp. Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, 1965-1975,tomoVI,pág 179)

Satanás es el maestro lisonjero del mundo y conoce el gran poder de las palabras, del cual sus siervos se sirven a menudo(Jacob 7:4)

Siempre ha sido una de las grandes fuerzas presentes en el mundo.

Una vez escuché decir a Ernest LeRoy Hatch, ex presidente del Templo de la Ciudad de Guatemala: “El diablo no es astuto por ser el diablo; es astuto porque es viejo”. En efecto, el diablo es viejo, y no siempre fue el diablo. En el principio no era el perpetrador del mal, sino que se hallaba con las huestes de los cielos. Era “un ángel de Dios que tenía autoridad delante de Dios(DyC 76:25)

Se adelantó a Cristo y propuso lo siguiente al Padre: “…Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra”(Moisés 4:1)

Deseaba lograrlo por la fuerza, destruyendo el albedrío del hombre.

Satanás se convirtió en el diablo por haber procurado gloria, poder y dominio por la fuerza(Moisés 4:3-4)

En cambio, Jesús, el “Escogido desde el principio”, dijo a Dios: “…Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre(Moisés 4:2)

¡Qué comportamiento tan diferente! Pero a pesar de que Satanás estaba en el error, se mostró lo bastante persuasivo para seducir a un tercio de las huestes de los cielos a seguirlo(Apocalipsis 12:4; DyC 29:36)

Consumó su gran engaño diciendo “…Yo también soy un hijo de Dios”(Moisés 5:13), y persuadió a muchas otras personas a amarlo más que a Dios.”

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