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A pesar del tiempo transcurrido, y de todo el avance científico y tecnológico acaecido en estos últimos tiempos, todavía vemos que algunas personas pretenden hacerse obedecer a través del miedo al castigo. No se han dado cuenta?.

hands_on_bars.jpgSobre todo en asuntos religiosos, en algunos colegios e instituciones donde se imparte el curso de religión, se pretende enseñar la obediencia a los mandamientos del Señor, mediante el temor al castigo. Se pretende justificar que es mejor obedecer los mandamientos por medio del castigo que no obedecerlos, sin embargo nosotros sabemos que esto no es así, puesto que es mejor si obedecemos los mandamientos del Señor porque le amamos, y porque deseamos de todo corazón obedecerle.

Si nosotros le obedecemos libremente, Él también nos bendecirá libremente. Él dijo: “… Yo, el Señor … me deleito en honrar a los que me sirven en rectitud y en verdad hasta el fin” (DyC 76:5).

La obediencia nos sirve para progresar y para ser mas semejantes a nuestro Padre Celestial. Sin embargo, quienes no hacen nada hasta que se les manda, y luego guardan los mandamientos de mala voluntad, pierden su recompensa (ver DyC 58:26-29).

Por medio de la obediencia a los mandamientos de Dios nos preparamos para la vida eterna y la exaltación. Debemos obedecer aun cuando no comprendamos el porqué, así demostramos nuestra fe y confianza en Dios cuando le obedecemos a pesar de no entender la razón. Recordemos cuando el Señor asignó a Nefi y a sus hermanos mayores una tarea difícil de lograr, pese a las protestas de sus hermanos, Nefi dijo: “… Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1Nefi 3:7)

Recordemos también a Naamán que pensaba que los mandamientos no son tan importantes. Éste sufría de una terrible enfermedad y viajo mucho para pedirle al profeta Eliseo que lo sanara. Pero Eliseo no lo recibió y solamente se limitó a enviarle un mensaje que le decía que fuera al río Jordán y se lavara siete veces. Ofendido Naamán, por este supuesto desplante dijo, acaso los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?. Pese a este pensamiento, Naamán escuchó a sus criados y fue sabio al pensar que era mejor obedecer al profeta de Dios, aun cuando pareciera algo insignificante; así que se lavó en el río Jordán y fue sanado (2Reyes 5:1-14).

En las escrituras hay múltiples ejemplos de obediencia, tenemos el ejemplo de Abraham y sobre todo el ejemplo de Jesucristo, que es el ejemplo mas sublime de obediencia a nuestro Padre Celestial, recordemos lo que dijo; “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Dedicó toda Su vida a obedecer a Su Padre con devoción, a pesar de que no siempre fue fácil para Él. Gracias a que Jesucristo obedeció la voluntad del Padre en todas las cosas, hizo posible la salvación para todos nosotros.

Al reino de los cielos, lo gobiernan leyes, y cuando recibimos una bendición, es como consecuencia de la obediencia a la ley sobre la cual esa bendición se basa (DyC 130:21; 132:5). El Señor nos ha dicho que por medio de la obediencia y la diligencia obtendremos conocimiento e inteligencia (DyC 130:18-19) y que progresaremos espiritualmente (Jeremías 7:23-24). Por otro lado, la desobediencia trae como resultado el desánimo y pérdida de bendiciones. “¿Quén soy yo, dice el Señor, para prometer y no cumplir? Mando, y los hombres no obedecen; revoco, y no reciben la bendición. Entonces dicen en su corazón: Ésta no es la obra del Señor, porque sus promesas no se cumplen” (DyC 58:31-33).

El Señor nos exhorta: “Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios” (DyC 14:7)

  

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