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En Mateo 28:19-20; se menciona una instrucción del Señor hacia Sus apóstoles: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”.

Esta es pues la primera ordenanza del Evangelio que debemos aprender y obedecer. Recordemos que una ordenanza es un rito no un principio.

Nosotros debemos bautizarnos por varias razones, la primera: para la remisión de nuestros pecados; la segunda: para ser miembros de la Iglesia de Jesucristo; la tercera: para recibir el don del espíritu Santo; la cuarta: para demostrar obediencia y por último, la quinta: para entrar en el reino celestial.

La forma en que debemos ser bautizados es mediante la inmersión en el agua, es decir, ser sumergido en el agua por una persona con autoridad del sacerdocio para bautizar. Esta forma es un símbolo de la muerte y la resurrección.

Toda persona mayor de ocho años de edad y responsable de sus actos, debe ser bautizada. Los niños menores de ocho años y las personas incapacitadas mentalmente no tienen necesidad de ser bautizados, simplemente porque no estaría en armonía con lo que enseñó el Señor respecto a los niños pequeños, recordemos a Mateo 19:14 “… de los tales es el reino de los cielos” . Es imposible pensar que un niño pequeño, aproximadamente menor de ocho años, sea capaz de pecar; de igual manera una persona que sea mentalmente incapacitado de discernir entre el bien y el mal no requiere de ser bautizada. Sin embargo a pesar de este análisis, hay muchas corrientes religiosas cristianas que obligan el bautismo a niños pequeños y a personas con discapacidad mental. ninos1.jpgAlma enseñó que cuando nos bautizamos hacemos convenio con el Señor de:

  1. Entrar en el rebaño de Dios.
  2. Aliviarnos mutuamente las cargas.
  3. Ser testigos de Dios en todo tiempo y en otro lugar.
  4. Servir a Dios y guardar Sus mandamientos.

 Cuando somos bautizados y guardamos los convenios del bautismo, el Señor promete:

  1. Perdonar nuestros pecados.
  2. Derramar Su Espíritu más abundantemente sobre nosotros.
  3. Darnos diariamente la guía y la ayuda del Espíritu Santo.
  4. Dejar que nos levantemos en la Primera Resurrección.
  5. Darnos la vida eterna.

 Al bautismo se le llama renacimiento porque con él comenzamos una nueva manera de vivir. Jesús dijo que a menos que naciéramos del agua y del espíritu, no podríamos entrar en el reino de Dios (Juan 3:3-5). Principio que le fue enseñado claramente a Adán: “…como habéis nacido en el mundo mediante el agua, y la sangre, y el espíritu que yo he hecho, y así del polvo habéis llegado a ser alma viviente, así igualmente tendréis que nacer otra vez en el reino de los cielos, del agua y del Espíritu, y ser purificados por sangre, a saber, la sangre de mi Unigénito” (Moisés 6:59).  

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