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Es evidente que cada día el mundo cambia, todas las cosas cambian, el mundo que yo conocí cuando era mas joven es ahora diferente, los valores han cambiado.

A pesar que sabemos que la voz del Espíritu es accesible para todos, ésta cada vez se escucha menos. Los frutos del Espíritu son el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza; por ejemplo el gozo que buscamos no es un placer emocional y pasajero, sino que es un gozo interior que se deriva de nuestra larga experiencia con Dios y de la confianza que depositamos en Él, este objetivo lo podemos alcanzar solamente si damos oído a la voz del Dios viviente, un gozo que solamente se puede sentir si escuchamos al Espíritu. Creo que las personas que viven el Evangelio aprenden a vivir una vida feliz ya que existen evidencias que reafirman la promesa de paz, esperanza, amor y gozo como dones del Espíritu.Como dije anteriormente, a pesar de tener conocimiento del significado que tiene escuchar la voz del Espíritu, muchas veces, ponemos oído a otras voces, a las voces estridentes, persistentes, persuasivas y atractivas que existen en el mundo, voces que tratan de sofocar la voz apacible del Espíritu.

Estas voces son descritas por el Presidente James E. Faust en un mensaje (Liahona), como:

Voces negativas que hacen pensar en supuestas injusticias.

Voces quejumbrosas que aborrecen los desafíos y el trabajo.

Voces seductoras que ofrecen tentaciones sensuales.

Voces suaves que nos adormecen con seguridad carnal.

Voces intelectuales que profesan discernimiento y superioridad.

Voces de orgullo que ponen su confianza en el brazo de la carne.

Voces aduladoras que nos llenan de orgullo.

Voces cínicas que destruyen la esperanza.

Voces amenas que fomentan la búsqueda de placeres.

Voces comerciales que nos tientan a gastar dinero en lo que no tiene valor y a trabajar en lo que no puede satisfacer.

Voces delirantes que siembran el deseo de placeres extremos. No me refiero a los placeres producidos por la droga o el alcohol, sino a la búsqueda de experiencias peligrosas que desafían a la muerte a fin de experimentar nada más que una emoción. La vida, aun la nuestra, es tan valiosa que somos responsables de ella ante el Señor, y no debemos subestimar su valor. Una vez que se acaba, no se puede recuperar.

Entonces, ¿cómo no van a cambiar los valores?, si a estas voces le agregamos además, el bombardeo de mensajes de maldad y de iniquidad a través de todos los instrumentos, equipos y tecnología sofisticada, como programas para computadoras, bases de datos, canales de televisión, módems de computadoras interactivos, receptores satelitales y redes de comunicación, que nos sofocan con información, impidiendo poder encontrar lugares de refugio y serenidad.  

Los valores cambian, porque el mundo enseña a muchas personas de estas últimas generaciones a desear todo y a quererlo ahora; no desean ni ahorrar ni trabajar, y esos deseos de egoísmo e impaciencia los hacen susceptibles a las tentaciones. Tentaciones que emplea Satanás y que son perfectamente descritas en el Libro de Mormón:

El obtener ganancia.

El lograr poder sobre la carne.

El hacerse populares ante los ojos del mundo.

El buscar las concupiscencias de la carne y las cosas del mundo.

Para sobrevivir espiritualmente, entonces debemos discernir y saber qué voces debemos escuchar. El Presidente Faust, en el mismo mensaje nos recomienda que para poder sobrevivir espiritualmente, debemos hacer por lo menos las siguientes cuatro cosas:

Primero: Debemos ejercitar el albedrío moral con sabiduría.

Segundo: Debemos tener un propósito.

Tercero: Debemos fortalecer nuestro testimonio. Y

Cuarto: Debemos escudriñar las Escrituras.

Nos pide además que debemos escuchar la voz del Espíritu. Nos enseña que si bien es cierto, es una solución antigua, es la mejor solución porque es silenciosa, tranquila y sutil en un mundo que está prendado de lo que estridente, incesante, de ritmo apresurado, ofensivamente rimbombante y tosco. Es una solución, además, que requiere que seamos contemplativos mientras que nuestros semejantes buscan el estímulo físico.

El Presidente Faust, también nos recomienda que debemos a aprender a meditar en las cosas que atañen al Espíritu, a responder a Sus susurros y a filtrar la estática generada por Satanás. Nos dice, que al estar en armonía con el Espíritu, oiremos a nuestras espaldas palabras que digan: Este es el camino, andad por él. El escuchar la voz del Dios viviente nos dará paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero.

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