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Los pasajes señalados en Mateo 22:36-40, nos enseña lo importante que es amar al Señor y también a nuestro prójimo; sin embargo muchas veces nos preguntamos, ¿cómo demostrar nuestro amor por el Señor?.

La respuesta la encontramos en Juan 14:21, cuando Jesús responde a una pregunta similar, diciendo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama, y el que me ama, será amado por mi Padre”.

Esta respuesta además encierra implícitamente otro concepto, y es la obediencia. La obediencia a los mandamientos de Dios. Para entender el significado de éste concepto, es bueno preguntarse ¿por qué obedecemos los mandamientos de Dios?, ¿tal vez por miedo al castigo?, ¿tal vez porque lo que se desea es ser recompensado?, ¿tal vez porque realmente amamos a Dios y a Jesucristo?.

Para respondernos a estas interrogantes, tal vez sea bueno preguntarse ¿en qué caso seríamos mas felices?, y encontraremos nuestra respuesta: solamente si obedecemos a Dios seremos felices, pero obedecerle porque lo amamos y deseamos realmente obedecerle. Cuando le obedecemos libremente, Él nos bendice también libremente. Esto lo confirmamos en DyC 76:5, “… Yo el Señor … me deleito en honrar a los que me sirven en rectitud y en verdad hasta el fin”. En DyC 58:26-29; encontramos que, el ser obediente, nos hace progresar y nos sirve para ser semejantes a nuestro Padre Celestial. Sin embargo aquellos que no hacen nada hasta que se les manda y luego guardan los mandamientos de mala gana, pierden su recompensa.

Muchas veces no tenemos idea ni nos podemos explicar la razón por la que se nos da un mandamiento en particular, en este caso, si obedecemos, demostraremos nuestra fe y confianza en Dios. Sino recordemos a Adan y Eva en Moisés 5:5-6, cuando se les mandó ofrecer sacrificios a Dios y se les preguntó por qué lo hacían, Adán respondió que no sabía cuál era la razón, pero lo hacía porque se lo había mandado el Señor. Por ello, Adán recibió grandes bendiciones, tal como el conocimiento acerca de los habitantes de la tierra hasta la última generación ( Moisés 5:9-10; DyC 107:56).

Otro ejemplo de obediencia lo encontramos en 1 Nefi 3:1-7; cuando los hermanos de Nefi encontraron difícil la tarea asignada por Señor, sin embargo Nefi dijo: “… Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado”.

Algunas veces también podemos pensar que un mandamiento no es tan importante, sin embargo es mejor pensar en obedecer cualquier mandamiento de Dios, por mas insignificante que éste parezca; sino analicemos el caso Naamán en 2 Reyes 5:1-14. Otras veces podemos pensar que algún mandamiento es muy difícil de obedecer, sin embargo es mejor recordar nuevamente a Nefi y estar seguros que el Señor no nos dará un mandamiento a menos que nos prepare el camino para obedecerle; el mejor ejemplo de ello es lo que le pasó a Abraham, ver Génesis 22:1-13.

Pero el ejemplo mas sublime de obediencia a nuestro Padre Celestial, lo dio Jesucristo. Cuando dijo: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Gracias a la obediencia de Jesucristo a la voluntad del Padre en todo, se hizo posible que la humanidad entera se salvara.

Cuando se desobedece los mandamientos del Señor se sufre la pérdida de bendiciones y por ende el desánimo; leamos en DyC 58:31-33; “Quién soy yo, dice el Señor, para prometer y no cumplir? Mando y los hombres no obedecen; revoco, y no reciben la bendición. Entonces dicen en su corazón: Ésta no es la obra del Señor, porque sus promesas no se cumplen”. Porque cuando guardamos los mandamientos del Dios, Él cumple Sus promesas, recordemos al rey Benjamín en Mosíah 2:24; cuando le dijo a su pueblo respecto al cumplimiento de las promesas de Dios: “… él requiere que hagáis lo que os ha mandado; y si lo hacéis, él os bendice inmediatamente.

El Señor nos exhorta (ver DyC 14:7): “Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios”. Del mismo modo, Él a descrito otras bendiciones para los obedientes de sus mandamientos:

“Grande será su galardón y eterna será su gloria. ocultos de mi reino desde los días antiguos, y por siglos futuros, les haré saber la buena disposición de mi voluntad tocante a todas las cosas pertenecientes a mi reino.

“Sí, aun las maravillas de la eternidad sabrán ellos, y las cosas venideras les enseñaré, sí, cosas de muchas generaciones.

“Y su sabiduría será grande, y su conocimiento llegará hasta el cielo…

“Porque por mi Espíritu los iluminaré, y por mi poder les revelaré los secretos de mi voluntad; sí, cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han llegado siquiera al corazón del hombre” (D. y C. 76:6– 10). 

Ref: Los Principios del Evengelio, pág. 223-228

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