Etiquetas

, , , ,


kulhanek_job.jpg

El Élder Robert C. Oaks, en la Conferencia General N° 176, participó con el tema titulado “El poder de la paciencia”, el contenido de este tema me ha inspirado a escribir lo siguiente sobre este valor cristiano fundamental.

Casi todos los días, cuando uno lee los diarios, cuando uno prende el televisor a la hora del noticiero o cuando uno escucha las noticias por radio, se encuentra con noticias como la  que alguien segado por la ira cometió un crimen, que un sátiro violó a un niño o una niña, que un iracundo sujeto golpeó violentamente a una mujer, que una pandilla de jóvenes atacó el hogar de una familia, que un niño fue golpeado hasta morir por su propio padre, un grupo de policías fueron salvajemente asesinados en una emboscada realizada por terroristas, un carro bomba estalló en un mercado lleno de gente dando lugar a decenas de muertos, que …, mas y mas noticias dramáticas, sangrientas, violentas y llenas de horror. Ante estas ocurrencias tenemos que preguntarnos, ¿Qué está sucediendo con la gente?, la respuesta la tiene cada uno de nosotros de acuerdo a su cultura, a su educación, a su formación moral, a sus principios de vida, etc, etc, y pueden ser diferentes porque las explicaciones son diferentes, pero, en lo que todos coincidimos es que estos malos actos nos muestran la impaciencia que tienen aquellos seres que dan lugar a estas noticias.

Es verdad también que estos hechos no son nuevos, los actos dramáticos, sangrientos, violentos y llenos de horror, generados por el hombre, siempre han existido, lo que sucede, es que en un mundo globalizado como el de hoy, las noticias son en el momento y pareciera que fueran mas que antes. La pregunta siempre fue la misma y las respuestas también incluyendo la impaciencia que mostraron aquellos que dieron lugar a este tipo de actos. De modo que, lo que horroriza hoy también horrorizó antes.

Si la impaciencia del ser humano da lugar a tan horribles eventos, preguntémonos entonces ¿qué es la impaciencia?, la impaciencia, básicamente es la falta de paciencia y paciencia es la capacidad que tiene el hombre para soportar con resignación, desgracias, trabajos, ofensas, etc. Esta definición, nos induce a pensar también en la caridad. Leamos en el Libro de Mormón, Moroni 7:44-45; “Porque si no, su fe y su esperanza son vanas, porque nadie es aceptable a Dios sino los mansos y humildes de corazón; y si un hombre es manso y humilde de corazón, y confiesa por el poder del Espíritu Santo que Jesús es el Cristo, es menester que tenga caridad; porque si no tiene caridad, no es nada; por tanto, es necesario que tenga caridad.

Y la caridad es sufrida y es benigna, y no tiene envidia, ni se envanece, no busca lo suyo, no se irrita fácilmente, no piensa el mal, no se regocija en la iniquidad, sino que se regocija en la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” Y encontramos que por lo menos cuatro de los trece elementos de esa virtud que es necesario tener, se relacionan con la paciencia.

Primero, “la caridad es sufrida”; de eso se trata la paciencia.

Segundo, La caridad “no se irrita fácilmente”, es otro aspecto de esa cualidad llamada paciencia.

Tercero, La caridad “todo lo sufre” y finalmente,

Cuarto, La caridad “todo lo soporta” que es desde luego una expresión de la paciencia.

De estos elementos determinantes es obvio que si la paciencia no adornara nuestra alma, careceríamos seriamente de una actitud semejante a la de Cristo.

En la Biblia, también hay un ejemplo muy interesante de la paciencia y es el ejemplo de Job, el clásico retrato de la paciencia, un hombre que perdió su imperio, sus hijos y a pesar de todo, gracias a su fe, proclamó: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”, a pesar del dolor y la tribulación que padeció Job, este, jamás pecó ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

Sin embargo cuántas veces oímos a personas con el alma oprimida, preguntar neciamente: ¿Cómo ha podido Dios hacerme esto?, cuando en vez de hacer tal cosa, debería orar para recibir fortaleza para “sufrir” y “soportar todas las cosas”.

Definitivamente el ejemplo mas grande de paciencia, la encontramos en la vida de Jesucristo. La noche en Getsemaní cuando, en Su padecimiento expiatorio, manifestó: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”, Mateo 26:39). Realmente padeció, sufrió y soportó todas las cosas.

Siguió dando Su ejemplo perfecto de paciencia al estar clavado en la cruz cuando dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Esos ejemplos de paciencia tienen un significado mucho mas importante para nosotros cuando se considera la difícil admonición que se encuentra en 3Nefi 27:27: “Por lo tanto, ¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy”.

La cantidad de ejemplos de paciencia que se puede encontrar en las escrituras nos lleva a preguntarnos: ¿cuán importante es la paciencia y si es digna de procurarla?, la respuesta es también interesante, porque, por supuesto que la paciencia es importante si realmente queremos evitar estar catalogados en la denigrante clasificación de “nada”, es decir entre los que no tienen caridad; la paciencia es importante y digna de procurar si realmente deseamos ser menos hombres naturales enemigos de Dios; también la paciencia es importante y digna de procurarla si deseamos ser celestiales y esforzarnos por llegar ser conforme a la manera de Cristo.

Los seres impacientes son todos aquellos que generan las noticias dramáticas, sangrientas, violentas y llenas de horror que hicimos referencia en la parte inicial. También hay grandes noticias referidas a la paciencia, pero son las menos y casi no propagadas.

La paciencia se podría considerar como una virtud que da lugar a otras y que contribuye al progreso y a la fortaleza de virtudes tales como el perdón, la tolerancia y la fe. Recordemos en Mateo 18:21-22; cuando Pedro le preguntó a Cristo cuántas veces debía perdonar a su hermano, Cristo le respondió: “Setenta veces siete”, en vez de sólo las siete que Pedro había propuesto. Perdonar setenta veces siete es una gran medida de paciencia.

La paciencia también esta vinculada con la fe puesto que ésta solo puede aumentar si estamos dispuestos a esperar con paciencia a que los propósitos y los planes de Dios se desenvuelvan en nuestra vida, cuando Él lo disponga y no cuando nosotros lo queramos.

En vista de que la impaciencia es tan natural, entonces ¿cómo podemos fomentar la virtud divina de la paciencia?, ¿cómo podemos convertir nuestro comportamiento de hombre natural al del paciente y perfecto ejemplo de Jesucristo?. La respuesta es simple y sencilla, lo primero que debemos hacer, es entender que es necesario fomentar la virtud divina de la paciencia y que es necesario convertir nuestro comportamiento de hombre natural al del paciente y perfecto ejemplo de Jesucristo, si realmente deseamos disfrutar plenamente de las bendiciones del Evangelio Restaurado.

Tal entendimiento nos puede motivar a realizar muchas de las recomendaciones que se nos dan en las Escrituras, a evaluarnos constantemente respecto a nuestra paciencia, a ser sensibles con los ejemplos de paciencia y a renovar diariamente nuestro cometido de llegar a ser mas pacientes.