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Tengo a mi hijo delicado de salud, cuando lo veo sufrir a mi se me parte el corazón, porque no sé de qué manera aliviarle; yo creo que a cualquier padre le ocurre lo mismo, a cualquier padre que ame a su hijo.

Algunas veces al ser llamados a tener que soportar el sufrimiento, a veces provocado intencionalmente o negligentemente, se nos pone en una situación única: si así lo deseamos, puede, permitírsenos tener un nuevo conocimiento de lo que el Hijo de Dios padeció. Al meditar sobre el sufrimiento de mi hijo, tengo nuevos discernimientos y tal vez un mejor entendimiento de la magnitud y magnificencia de la Expiación.

Admiro profundamente que nuestro Padre Celestial haya estado dispuesto a permitir que Su Hijo amado sufriera por mí y por cada uno de nosotros. Esto me permite obtener una nueva idea del profundo y amplio significado de la Expiación.

Particularmente es para mí imposible imaginarme que voluntariamente yo permita que mi hijo sufriera de la mas mínima manera; sin embargo nuestro Padre Celestial demostró el gran amor que siente por el mundo entero, que, permitió que Su Hijo unigénito sufriera.

Sin pretender que el sufrimiento de mi hijo se compare al sufrimiento del Salvador, éste me permite valorar Su sacrificio. Es verdad que siempre habrá diferencias infinitas entre nosotros y nuestro Salvador, jamás podríamos resistir la profunda e intensa naturaleza o la magnitud de Su padecimiento, pero sí nos permite entender y tener un mayor aprecio por lo que Él hizo y sentir que Su Espíritu nos protege, y también nos permite conocer a nuestro Salvador de una manera mas real. 

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