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La Ira

Pocas veces nos ponemos a pensar que el objetivo principal de Satanás es destruir la familia, se filtra astuta e ingeniosamente para llegar a nuestro hogar y a nuestra vida. Él daña y muchas veces destruye a la familia dentro de nuestro propio hogar, recurre a las mas impensables estrategias y una de ellas es incitar a la “ira” a los miembros de la familia entre sí.

El Élder Lynn, en la Liahona Julio 1998-pág. 86, dijo: Una parte de la astucia de esta estrategia es separar la ira del albedrío, haciéndonos creer que somos víctimas de una emoción que no podemos controlar. Escuchamos decir “perdí el control”. Perder el control es una elección interesante de palabras que han llegado a ser comunes. “Perder algo” implica “involuntariamente”, “en forma accidental”, “sin querer”, “no responsables”, descuidados, quizás, pero “no responsables”.

“Me hizo enojar”. Ésta es otra frase que escuchamos y que también implica falta de control o de albedrío; es un mito que se debe refutar. Nadie nos hace enojar. Otras personas no nos hacen enojar. No hay fuerza de por medio. El enojarse es una elección consciente, es una decisión que nosotros mismos tomamos. ¡Nosotros mismos elegimos enojarnos!.

Es absurdo justificar un estado de ira, diciendo “No pude refrenarme”.“La agresión … reprimir el enojo, hablar de él, gritar y vociferar” son todas estrategias aprendidas al tratar con el enojo. ¿Se han dado cuenta que muy rara vez perdemos el control cuando nos frustra nuestro jefe?, pero cuán a menudo lo hacemos cuando nos molestan amigos e incluso nuestros propios familiares.

En la Traducción de José Smith de Efecios 4:2, Pablo pregunta: ¿Podéis airaros, y no pecar? El Señor es bien claro en este asunto: “…aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

“He aquí, ésta no es mi doctrina, agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien mi doctrina es ésta, que se acaben tales cosas” (3Nefi 11:29-30).Esta doctrina o mandamiento del Señor da por sentado el albedrío y es una petición a la mente consciente de que tome una decisión. El Señor espera que tomemos la decisión de NO irritarnos.

El Élder Lynn, continuó diciendo: La ira es dar paso a la influencia de Satanás; es el pecado asociado al pensamiento que nos lleva a sentimientos y a comportamientos hostiles; es la causa del enojo hacia otros conductores en la carretera, es la llama que se enciende en los campos deportivos y es la violencia doméstica en el hogar.

Si la ira no se controla puede causar en forma rápida una explosión de palabras crueles y de otras formas de abuso emocional que pueden dejar una cicatriz en un corazón tierno. Es “lo que sale de la boca” dijo el Salvador, lo que “contamina al hombre”(Mateo 15:11). El presidente David O. MacKay dijo: “Que nunca el esposo ni la esposa hablen en voz alta, ‘a menos que se esté incendiando la casa’”.

El maltrato físico es la ira totalmente fuera de control; nunca se justifica y siempre es injusto.

La ira es un intento descortés de hacer sentir culpable a alguien o una forma cruel de tratar de corregir a los demás. A menudo es una disciplina mal catalogada, pero casi siempre contraproducente. Las escrituras nos advierten: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” y “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses 3:19-21).

El entender la conexión que existe entre el albedrío y la ira es el primer paso para eliminarla de nuestra vida. Tenemos la elección de no enojarnos, y podemos tomar esa decisión hoy día, de inmediato: “Nunca más me volveré a enojar”. Piense en esa resolución.

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