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El Sermón del Monte

Como dice textualmente en la siguiente referencia (http://www.lds.org/library/display/0,4945,7492-1-4036-13,00.html): “ El 10 de febrero de 2007, se transmitió una reunión de capacitación por el sistema de satélite de la Iglesia. A fin de ayudar a los miembros y a los líderes en la enseñanza en el hogar y en la Iglesia,…”.

Entre los discursantes estuvo el Presidente Thomas S. Monson, quien expuso el tema titulado “Ejemplos de Grandes Maestros”, iniciando su participación así: Hemos escuchado a algunos de los más grandes maestros de la Iglesia, que nos han proporcionado una excelente percepción de muchos de los elementos y principios de la buena enseñanza.

Como se ha mencionado, en algunos aspectos todos somos maestros y tenemos el deber de enseñar de la mejor manera posible.

Me gustaría compartir con ustedes algunos ejemplos de personas que he conocido, que han influido en mi vida y que me han enseñado lecciones importantes e inolvidables.”

Luego de citar a destacados líderes de nuestra Iglesia como maestros y relatar algunas experiencias, finalmente dijo textualmente respecto a “El Ejemplo perfecto”, lo siguiente:

Al enseñar a los demás, sigamos el ejemplo del Maestro perfecto, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Él dejó Sus huellas en la arena de la playa, pero dejó los principios de Sus enseñanzas en el corazón y en la vida de todas las personas a quienes enseñó. Él instruyó a los discípulos de Su época, y a nosotros nos dijo lo mismo: “Sígueme tú” (Juan 21:22). Sigamos adelante con espíritu de obediente respuesta, y que se diga de cada uno de nosotros como se dijo del Redentor: “…sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3:2). Que así sea, ruego en el nombre de Jesucristo. Amén

.”Debemos recordar que en ‘La Enseñanza: El llamamiento más importante’, pág.3-4, que cada miembro de la Iglesia, es un maestro. Lo cual implica también recordar que: Cuando el Salvador resucitado enseñó a los nefitas, les dijo: “Alzad, pues, vuestra luz par que brille ante el mundo. He aquí, yo soy la luz que debéis sostener en alto: aquello que me habéis visto hacer” (3Nefi 18:24). Al dar esta instrucción, el Señor no hizo distinción alguna entre los que oyeron Su voz. A todos se les mandó enseñar.

Lo mismo ocurre hoy día. La responsabilidad de enseñar el Evangelio no se limita a quienes hayan recibido un llamamiento oficial como maestros. Como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, usted tiene la responsabilidad de enseñar el Evangelio. Como padre o madre, hijo o hija, esposo o esposa, hermano o hermana, líder de la Iglesia, maestro o maestra en el salón de clases, maestro orientador, maestra visitante, compañero o compañera de trabajo, vecino o vecina, amigo o amiga, usted tiene oportunidades para enseñar. Algunas veces puede enseñar abierta y directamente por medio de las cosas que dice o el testimonio que dé; y, además, siempre enseña mediante el ejemplo.