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Un día domingo, después de la reunión sacramental, se me acercó un joven, que nunca lo había visto en mi barrio y que aparentemente hacía poco había llorado, me dijo que tenía un problema y que no sabía cómo resolverlo, me pidió que lo escuchara en privado y le dé un consejo, le dije que yo lo escucharía en una oficina de entrevistas con mucho gusto siempre y cuando permita que me acompañe uno de los misioneros del barrio, el accedió y nos contó la siguiente historia:
Su nombre era Juan, tenía 28 años y era un misionero retornado, profesional en la educación lingüística, hacía dos días que había llegado a nuestra ciudad a radicar y que prácticamente había huido de su barrio, porque era insoportable para él continuar en un lugar donde se sentía como indeseable por el simple hecho de haber manifestado que era homosexual y que sentía una atracción natural hacia las personas de su mismo sexo.

Evidentemente su historia nos conmovió y particularmente le ofrecí ponerle en contacto con las personas que sí podían ayudarle, el obispo de nuestro barrio y un hermano terapeuta profesional, personas que manejarían este asunto con absoluta discreción.

Estimados amigos, no voy a entrar en mas detalles sobre esta historia, pero si quiero manifestarles que frente a una situación como ésta, tenemos que actuar con sumo cuidado y con mucha discreción, sobre todo porque es importante saber cómo comprender y ayudar a los que padecen de problemas homosexuales.

Precisamente la Iglesia a editado un folleto sugerido para los líderes eclesiásticos, titulado: “Cómo comprender y ayudar a los que padecen de problemas homosexuales”, el cual voy a transcribirlo por secciones, ésta primera sección corresponde a la introducción de éste folleto y es como sigue:

‘INTRODUCCIÓN
La primera Presidencia ha declarado lo siguiente con respecto a las normas de la moralidad y la fidelidad:
“Pedimos a todos miembros que renueven su compromiso de vivir las normas de conducta moral del Señor. Los padres deben enseñar a sus hijos la naturaleza sagrada de los poderes de la procreación e inculcar en ellos el deseo de ser castos en sus pensamientos y en sus acciones. Una comprensión correcta del papel divino asignado al hombre y a la mujer fortificará a todos los miembros contra las prácticas pecaminosas. Nuestra única seguridad real, tanto física como espiritual, radica en guardar los mandamiento del Señor. 

“La ley de conducta moral del Señor es la abstinencia de relaciones sexuales fuera del matrimonio y la fidelidad dentro del matrimonio. Las relaciones sexuales son apropiadas sólo dentro de los lazos del matrimonio entre marido y mujer siempre y cuando se expresen en forma apropiada. Cualquier otro comportamiento sexual como la fornicación, el adulterio, o la conducta homosexual o lesbiana, es pecaminosa. Aquellos que persistan en tales prácticas, o que sean una influencia en otras personas, quedan sujetos a la acción disciplinaria de la Iglesia. 

“Les recordamos algunos pasajes de las Escrituras que ponen en claro la relación entre pensamientos y acciones (véase Mateo 15:19; Mosíah 4:29-30; Alma 12:14; 3Nefi 12:28; DyC 121:45). Existe una diferencia entre los pensamiento y sentimientos inmorales y la participación en comportamientos tanto heterosexuales como homosexuales. Sin embargo, tales pensamientos y sentimientos, sin importar las causas, pueden y deben superarse, y el comportamiento pecaminoso debe eliminarse. Esto se puede lograr por medio de la fe en Dios, el arrepentimiento sincero y el esfuerzo continuo. Quizás se necesite la ayuda de otras personas. Felicitamos y alentamos a aquellos que hayan logrado superar los pensamientos y sentimientos inapropiados. Rogamos a los que estén involucrados en esa clase de conductas que la desechen; les amamos y oramos por ellos. Confiamos en que por medio del arrepentimiento y la búsqueda de la ayuda necesaria experimenten la paz que se recibe al vivir de acuerdo con las enseñanzas de Dios. 

“Las personas y sus familias que deseen ayuda en estos casos deben buscar el consejo de sus obispos, presidentes de rama, de estaca o de distrito. Recomendamos a los líderes de la Iglesia y a los miembros en general, que se acerquen con amor y comprensión a esas personas que luchan con estos problemas.Muchos responderán al amor cristiano y al consejo inspirado al recibir la invitación a regresar y a aplicar el poder expiatorio y sanador del Salvador (véase Isaías 53:4-5; Mosíah 4:2-3)’ (Carta de la Primera Presidencia 14 de noviembre de 1991) 

Los líderes de la Iglesia pueden utilizar este folleto para brindar ayuda a los miembros, tanto a los varones como a las mujeres, que tengan problemas relacionados con la homosexualidad.
De interés particular es la manifestación de dicho comportamiento, puesto que transgrede los mandamientos de Dios, es incompatible con los propósitos de la sexualidad humana, altera las debidas relaciones amorosas convirtiéndolas en algo inapropiado, y priva a las personas de las bendiciones que se encuentran en la vida familiar y en las ordenanzas salvadoras del evangelio.
 
La información que contiene este folleto, servirá a los líderes para comprender la naturalezas de los problemas homosexuales así como los pasos que pueden tomar para asistir a aquellos que deseen conformar su vida con las enseñanzas del Salvador.
 

LA COMPRENSIÓN DE LOS PROBLEMAS HOMOSEXUALES 

Los problemas homosexuales incluyen pensamientos, sentimientos y comportamiento eróticos dirigidos hacia las personas del mismo sexo. Dichos problemas no deben confundirse con las expresiones de amor y respeto entre los miembros del mismo sexo.
Es posible que algunas personas que busquen ayuda para vencer las tendencias homosexuales hayan llegado a la conclusión de que las experiencias que tuvieron en su juventud, como los problemas con uno de los padres o alguna otra persona, hayan contribuido a que desarrollaran esos sentimientos inapropiados. Algunos tal vez piensen que, de todas maneras, ellos no eligieron con premeditación esa clase de sentimientos.
 
No se ha llegado a un acuerdo en cuanto a causa de tales problemas. Como líder de la Iglesia, es importante que usted ayude a los miembros a comprender que, no obstante las causas, es posible con el tiempo controlar y vencer esas dificultades. A los miembros se les puede ayudar para que logren el autodominio, se adhieran a las normas del evangelio en lo que respecta a la pureza sexual y desarrollen relaciones apropiadas con miembros del sexo opuesto.
 
CÓMO AYUDAR A LOS MIEMBROS A SUPERAR LOS PROBLEMAS HOMOSEXUALES

(Continuará).

 

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