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“Muchas veces he perdido el control y he actuado con ira y enojo, por ello perdí, también muchas veces el cariño y el respeto de las personas, yo me daba cuenta de ello y traté de cambiar, es muy difícil, pero por lo menos he aprendido a controlar mi lengua, no del todo, pero hoy sí puedo decir que me abstengo de decir palabrotas…”

Este párrafo lo escribí hace ya algunos años atrás, hoy leyendo la última Liahona de Enero 2008.

Me izo reparar en mi temperamento, he mejorado, pero no lo suficiente. Mi padre jamás me puso la mano encima, mi madre si alguna vez me tiró de las patillas. Cuando mi padre falleció, algunos años mas tarde, me dije a mí mismo “.. si mi padre hubiera sido mas drástico conmigo, tal vez no me habría  equivocado tanto…”. Aquellas personas que tienen problemas de temperamento, les recomiendo leer esta Liahona. Ahora compartiré con Uds. Algunos párrafos, sobre todo aquellos que de ahora en adelante serán mi guía.

Cómo controlar el temperamento

En vista de ello, ¿cómo aprende la autodisciplina una persona que tiene problemas con la ira? El mundo intentaría ayudar a las personas a controlar su temperamento estableciendo algún programa de modificación de la conducta que podría durar varios años, y no obstante producir resultados mínimos, pero el Señor y el profeta nos dicen que ya sabemos lo que tenemos que hacer para controlar la ira. El problema del enojo resulta de no comprender ni aplicar las doctrinas del Evangelio. El presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La verdadera doctrina, cuando se entiende, cambia la actitud y la conducta. El estudio de las doctrinas del Evangelio mejorará la conducta más rápido de lo que el estudio del comportamiento mejorará el comportamiento”.

La doctrina del arrepentimiento se aplica específicamente al pecado de la ira y brinda a nuestra vida el poder sanador de la Expiación.

El élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Podemos cambiar cualquier cosa que queramos, y podemos hacerlo muy rápidamente. Otra superchería satánica es que el arrepentirse supone una tardanza de años y años.

En arrepentirnos, tardaremos tanto como tardemos en decir: ‘Cambiaré’, y en decirlo con la verdadera intención de hacerlo. Claro que habrá problemas que solucionar y restituciones que hacer. De hecho, bien podríamos pasarnos el resto de la vida —y preferible que así fuera— probando que nuestro arrepentimiento es verdadero mediante un cambio permanente. En realidad, el cambio, el progreso, la renovación, el arrepentimiento, en fin, pueden llegar a formar parte de nuestra vida de un modo tan súbito como lo fue para Alma y los hijos de Mosíah”.

En relación con el control de la ira, el presidente Hinckley ha enseñado: “¿Quién puede calcular las heridas, su profundidad y el dolor, causados por palabras expresadas con ira? Qué triste es ver a un hombre, fuerte en muchos aspectos, perder control de sí mismo, cuando deja que algo insignificante haga que pierda la compostura. En todo matrimonio, por supuesto, existen diferencias. Pero no encuentro justificación para el temperamento que explota en circunstancias insignificantes…

“El carácter violento es una cosa terrible y corrosiva, y lo trágico de ello es que no produce nada bueno. Sólo alimenta el resentimiento, la rebelión y el dolor. A todo hombre y joven que me escucha, que tiene problemas para controlar la lengua, le sugiero que implore al Señor para que le dé fuerza para vencer su debilidad, que pida disculpas a quien haya ofendido, y que se arme de poder para disciplinar la lengua”.

Los jóvenes perciben el ejemplo de sus padres y se ven enormemente afectados por él. Levantémonos y seamos hombres y mujeres de Dios y, para ello, controlemos nuestro carácter para que la paz y el amor abunden en nuestro hogar. El aspecto más importante de la paternidad es que la pareja tenga un buen matrimonio y muestre un ejemplo de amor y paciencia a los hijos. El control del temperamento generará dividendos ahora y en los años sucesivos, a medida que los hijos establezcan sus propios hogares y familias.