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En la última Liahona, (Marzo 2008 – pág.: 13) hay un artículo titulado “¿Quién es Jesucristo?”, escrito por el Presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, en él, describe el Presidente Packer, la humildad de Jesucristo, no he leído otra descripción mas maravillosa de la humildad, que esta, hay una sencillez única, la quiero compartir con ustedes porque estoy seguro que tendrán la misma sensación que yo tuve al leerla.

La humildad de Jesucristo

En el momento en que lo prendieron, antes de Su crucifixión, el Señor acababa de salir de Getsemaní. Cuando ocurrió la traición, Pedro sacó la espada para golpear a Malco, un siervo del sumo sacerdote, pero Jesús le dijo:“…Vuelve tu espada a su lugar…

“¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:52–53).

Durante todas las burlas, el abuso, los azotes y la tortura final de la crucifixión, el Señor permaneció silencioso y sumiso, es decir, excepto en un momento de intensa tensión que revela la esencia misma de la doctrina cristiana. Ese momento ocurrió durante el juicio, cuando Pilato, que sentía temor, dijo a Jesús: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?” (Juan 19:10).

Sólo podemos imaginar la tranquila majestad del Señor al responder:

“…Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” (Juan 19:11).

Lo que tuvo lugar después no ocurrió porque Pilato hubiera tenido el poder para ordenarlo, sino porque el Señor tuvo la disposición de aceptarlo.

“…yo pongo mi vida”, dijo Él, “para volverla a tomar”.

“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar”

(Juan 10:17–18).