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Hay muchas personas en el mundo que se han preguntado ¿porqué existen tantas religiones cristianas? ¿cuál es la Iglesia verdadera?. Y la mayor de las veces no se pueden contestar a dichas interrogantes; sin embargo, nosotros, los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenemos el gran privilegio de poderlo hacer. Por esta razón es bueno compartir nuestras respuestas con todos aquellos que se han hecho estas preguntas. En primer lugar tienen que entender que después de la muerte de Jesucristo se produjo un largo período de oscuridad y a éste período se le llamó la gran apostasía. No he encontrado mas sencilla explicación de éste período, que el que se encuentra en la página 35-36 de la guía para el servicio misional “Predicad Mi Evangelio”. Y lo comparto con ustedes.

“Después de la muerte de Jesucristo, gente inicua persiguió a los apóstoles y a los miembros de la Iglesia, y mató a muchos de ellos. Con la muerte de los apóstoles, las llaves del sacerdocio y la autoridad presidente del sacerdocio fueron quitadas de la tierra.

Los apóstoles habían conservado puras las doctrinas del Evangelio, habían mantenido el orden y establecido las normas de dignidad para los miembros de la Iglesia. Sin los apóstoles, y con el paso del tiempo, las doctrinas se corrompieron y se hicieron cambios no autorizados en la organización y en las ordenanzas del sacerdocio de la Iglesia, como el bautismo y el otorgamiento del don del Espíritu Santo.

Sin revelación ni autoridad del sacerdocio, la gente se apoyó en la sabiduría humana para interpretar las Escrituras y los principios y las ordenanzas del Evangelio de Jesucristo.

Se enseñaban ideas falsas como si fuesen verdaderas; se perdió gran parte del conocimiento del carácter y de la naturaleza verdaderos de Dios el Padre, de Su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo. Las doctrinas de la fe en Jesucristo, del arrepentimiento, del bautismo y del don del Espíritu Santo se tergiversaron o se olvidaron. La autoridad del sacerdocio que se dio a los apóstoles de Cristo ya no se encontraba sobre la tierra. Al final, esa apostasía fue la causa de que surgieran muchas iglesias.

Después de siglos de oscuridad espiritual, hombres y mujeres que buscaban la verdad protestaron contra las prácticas religiosas de esa época; reconocieron que muchas de las doctrinas y ordenanzas del Evangelio habían sido cambiadas o se habían perdido; entonces buscaron mayor luz espiritual y muchos hablaron de la necesidad de una restauración de la verdad. Sin embargo, no afirmaban que Dios los hubiese llamado para ser profetas, sino que intentaron reformar las enseñanzas y las prácticas que ellos creían que habían sido cambiadas o que se habían corrompido. Sus esfuerzos ocasionaron la organización de muchas iglesias protestantes. Esa reforma dio como resultado un marcado énfasis en la libertad religiosa, lo cual abrió el camino para la Restauración final.

Los apóstoles del Salvador predijeron esa apostasía universal y también predijeron que el Evangelio de Jesucristo y Su Iglesia serían restaurados una vez más sobre la tierra.

Los investigadores deben entender que después de la muerte de Jesucristo y Sus apóstoles, ocurrió una apostasía universal. Si no hubiese habido una apostasía, no habría habido necesidad de una restauración. Así como el diamante que se exhibe en un fondo de terciopelo negro parece más brillante, de igual manera la Restauración ofrece un marcado contraste contra el fondo oscuro de la Gran Apostasía. Según lo guíe el Espíritu, enseñe a los investigadores en cuanto a la Gran Apostasía con un nivel de detalles que sea apropiado para sus necesidades y circunstancias.

Su objetivo será ayudarles a entender la necesidad de la restauración del Evangelio de Jesucristo.

Puntos clave

• La Iglesia de Jesucristo está edificada sobre el fundamento de apóstoles y profetas (véase Efesios 2:19–20; 4:11–14). Esos líderes poseen la autoridad divina del sacerdocio y dirigen los asuntos de la Iglesia por revelación; mantienen la pureza doctrinal, autorizan la administración de ordenanzas, hacen llamamientos y confieren a otras personas la autoridad del sacerdocio.

• La gente rechazó y mató a Jesucristo y a los apóstoles (véase Mateo 24:9; 1 Nefi 11:32–34;2 Nefi 27:5). Con la muerte de los apóstoles, la Iglesia se quedó sin la autoridad presidente del sacerdocio. Por consiguiente, ya no había autoridad para conferir el Espíritu Santo ni para efectuar otras ordenanzas salvadoras; la revelación cesó y la doctrina se corrompió.

• Aun antes de la muerte de los apóstoles, surgieron muchos conflictos relacionados con la doctrina. El Imperio Romano, que inicialmente había perseguido a los cristianos, más tarde adoptó el cristianismo. Las dudas religiosas importantes se aclaraban por medio de concilios en los que se analizaban y cambiaban las doctrinas y ordenanzas sencillas que enseñó el Salvador a fin de ajustarlas a las filosofías del mundo (véase Isaías 24:5); se hicieron cambios físicos en las Escrituras, quitando de ellas las doctrinas claras y preciosas (1 Nefi 13:26–40); se crearon credos, o declaraciones de creencia, basados en doctrinas falsas y alteradas (véase José Smith—Historia1:19). Debido al orgullo, algunos aspiraron a puestos de influencia (véase 3 Juan 1:9–10). La gente aceptó esas ideas falsas y rindió honor a los falsos maestros que enseñaban doctrinas agradables en vez de la verdad divina (véase 2 Timoteo 4:3–4).

• A lo largo de la historia, muchas personas han creído con sinceridad los credos y las doctrinas falsas; han adorado según la luz que poseían y han recibido respuesta a sus oraciones; sin embargo, “no llegan a la verdad sólo porque no saben dónde hallarla” (D. y C. 123:12).

• Por lo tanto, fue necesaria una restauración, y no una reforma. La autoridad del sacerdocio no continuó en una línea de sucesión ininterrumpida a partir del apóstol Pedro. Reformar es cambiar lo que ya existe; restaurar es traer de nuevo algo en su forma original; por lo tanto, la restauración de la autoridad del sacerdocio por conducto de mensajeros divinos era el único medio posible de sobreponerse a la Gran Apostasía.”

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