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Buenos días estimados hermanos, es para mi una gran satisfacción poder dirigirme a ustedes después de casi 18 meses, le agradezco a nuestro obispo esta oportunidad.

El tema al cual debo referirme es “La Organización del Sacerdocio”, un tema muy importante y a la vez muy delicado y amplio, trataré de resumir los aspectos de mayor interés para el conocimiento de todos, especialmente de los varones.

 

El sacerdocio gobierna la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El sacerdocio, al cual siempre se le asocia con la obra de Dios, “…continúa en la Iglesia de Dios en todas las generaciones, y es sin principio de días ni fin de años” (D. y C. 84:17). En la actualidad se encuentra sobre la tierra, y se les ordena al sacerdocio tanto a los varones jóvenes como a los adultos que se bautizan en la Iglesia, cuando se les considera dignos, y se les da la autoridad para actuar en el nombre del Señor y hacer Su obra sobre la tierra.

 

El sacerdocio está dividido en dos partes: el Sacerdocio de Melquisedec y el Sacerdocio Aarónico (véase D. y C. 107:1). El Sacerdocio de Melquisedec es el sacerdocio mayor. La Iglesia en los tiempos antiguos llamó al sacerdocio: “el Sacerdocio de Melquisedec” en honor a un gran sumo sacerdote que vivió durante la época de Abraham. (Véase D. y C. 107:2–4.)

El sacerdocio menor, o Aarónico, es una dependencia del Sacerdocio de Melquisedec. Se le llama Sacerdocio Aarónico debido a que le fue conferido a Aarón y a sus hijos a través de todas sus generaciones. Quienes poseen el Sacerdocio Aarónico tienen la autoridad de administrar las ordenanzas exteriores del arrepentimiento y el bautismo. (Véase D. y C. 107: 13–14, 20.)

 

Quienes poseen el Sacerdocio de Melquisedec tienen el poder y la autoridad para dirigir la Iglesia y la predicación del Evangelio en todas partes del mundo. Ellos tienen a cargo todo lo concerniente a la obra espiritual de la Iglesia (véase D. y C. 84:19–22); dirigen la obra que se efectúa en los templos; presiden sobre los barrios, las ramas, las estacas y las misiones; sanan a los enfermos, bendicen a los bebés y dan bendiciones especiales a los miembros de la Iglesia. El profeta escogido del Señor, el presidente de la Iglesia, es el sumo sacerdote que preside sobre el Sacerdocio de Melquisedec (véase D. y C. 107:65–67).

 

Las llaves del sacerdocio

“Hay una diferencia entre el sacerdocio y las ’llaves‘ del sacerdocio. El presbítero de un barrio tiene suficiente poder para bautizar, pero no está autorizado para efectuar esa ordenanza a menos que el obispo le haya dado su autorización. El obispo tiene las llaves para administrar todos los asuntos que dependan de su jurisdicción eclesiástica. Por lo tanto, él es la persona indicada para dar a un presbítero la autorización para bautizar.

“El presidente y profeta de la Iglesia tiene las ’llaves‘ del sacerdocio para administrar todos los asuntos espirituales y temporales de la Iglesia. Tiene el derecho de delegar en los presidentes de estaca, obispos, patriarcas y otros, las ’llaves‘ pertenecientes a oficios específicos en ciertas zonas geográficas.

 

Los oficios y los deberes del Sacerdocio Aarónico

Cuando a un hombre o a un joven se le confiere el Sacerdocio Aarónico, se le ordena a un oficio en ese sacerdocio. Los oficios en el Sacerdocio Aarónico son diácono, maestro, presbítero y obispo. Cada uno de esos oficios tiene deberes y responsabilidades propias.

Diácono

A un jovencito que ha sido bautizado y confirmado miembro de la Iglesia y es digno se le puede ordenar al oficio de diácono al cumplir los doce años de edad. A los diáconos por lo general se les da la asignación de repartir la Santa Cena a los miembros de la Iglesia, actuar como acomodadores, mantener en orden los edificios de la Iglesia y sus alrededores, actuar como mensajeros de los líderes del sacerdocio y cumplir asignaciones especiales tales como recolectar las ofrendas de ayuno.

Maestro

A un joven digno se le puede ordenar maestro al cumplir los catorce años de edad o después. Los maestros tienen todos los deberes, derechos y poderes del oficio de diácono, además de algunos adicionales. Los maestros en el Sacerdocio Aarónico deben ayudar a los miembros de la Iglesia a vivir los mandamientos (véase D. y C. 20:53–59). Los maestros también preparan el pan y el agua para el servicio sacramental.

Presbítero

A un joven digno se le puede ordenar presbítero al cumplir los dieciséis años o después. Los presbíteros tienen todos los deberes, derechos y poderes de los oficios de diácono y de maestro, además de algunos adicionales (véase D. y C. 20:46–51). Un presbítero puede bautizar; puede además administrar la Santa Cena, ordenar a otros presbíteros, maestros y diáconos. Un presbítero puede hacerse cargo de las reuniones cuando no haya un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec presente, y puede predicar el Evangelio a las personas que se encuentran a su alrededor.

Obispo

Un obispo es ordenado y apartado para presidir sobre el Sacerdocio Aarónico de un barrio. Él es el presidente del quórum de presbíteros (véase D. y C. 107:87–88). Cuando un obispo actúa en su oficio del Sacerdocio Aarónico, él se encarga principalmente de los asuntos temporales, tales como la administración de las finanzas y los registros, y dirigir el cuidado de los pobres y los necesitados (véase

D. y C. 107:68).

A un obispo se le ordena también sumo sacerdote para que pueda presidir sobre todos los miembros del barrio (véase D. y C. 107:71–73; 68:15). Un obispo es un juez en Israel (véase D. y C. 107:74) y entrevista a los miembros de su barrio con el fin de concederles recomendaciones para el templo, ordenanzas del sacerdocio y otras necesidades. Tiene el derecho de poseer el don del discernimiento.

 

Los oficios y deberes del Sacerdocio de Melquisedec

Los oficios del Sacerdocio de Melquisedec son: élder, sumo sacerdote, patriarca, setenta y apóstol.

Élder

A los élderes se les llama para enseñar, exponer, exhortar, bautizar y cuidar de la Iglesia (véase D. y C. 20:42). Todos los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec son élderes. Tienen la autoridad para conferir el don del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos (véase D. y C. 20:43). Los élderes deben conducir las reuniones de la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo (véase D. y C. 20:45; 46:2). Los élderes pueden administrar a los enfermos (véase D. y C. 42:44); se les manda que bendigan a los niños pequeños (véase D. y C. 20:70) y pueden presidir sobre las reuniones de la Iglesia cuando no haya ningún sumo sacerdote presente (D. y C. 107:11).

Sumo sacerdote

A un sumo sacerdote se le puede dar la autoridad para oficiar en la Iglesia y para hacerse cargo de los asuntos espirituales (véase D. y C. 107:10, 12). Él puede también oficiar en todos los oficios menores (véase D. y C. 68:19). A los presidentes de estaca y de misión, a los miembros del sumo consejo, a los miembros del obispado y a otros líderes de la Iglesia se les ordena sumo sacerdotes.

Patriarca

A los patriarcas los ordenan las Autoridades Generales, o los presidentes de estaca cuando reciben autorización del Consejo de los Doce, para dar bendiciones patriarcales especiales a los miembros de la Iglesia. Esas bendiciones nos brindan una mayor comprensión acerca de nuestros llamamientos sobre la tierra. Ellas son la voz del Señor dirigida personalmente a nosotros. A los patriarcas también se les ordena al oficio de sumo sacerdote (véase D. y C. 107:39–56).

Setenta

Los setentas son testigos especiales de Jesucristo ante el mundo y deben ayudar a edificar la Iglesia y dirigir sus asuntos (véase D. y C. 107:25, 34, 38, 93–97).

Apóstol

Un apóstol es un testigo especial de Jesucristo en todo el mundo (véase D. y C. 107:23). Los apóstoles administran los asuntos de la Iglesia por todo el mundo. A quienes se ordena al oficio de apóstol en el Sacerdocio de Melquisedec, por lo general, se les aparta también como miembros del Consejo de los Doce Apóstoles. A cada uno de ellos se les dan todas las llaves del reino de Dios sobre la tierra, pero sólo el apóstol de más antigüedad, quien es a la vez el Presidente de la Iglesia, ejercita activamente todas las llaves. Los demás actúan bajo su dirección.

 

Los quórumes del Sacerdocio Aarónico

El Señor ha dado instrucciones de que los poseedores del sacerdocio se organicen en quórumes. Un quórum es un grupo de hermanos que poseen el mismo oficio del sacerdocio. En el Sacerdocio Aarónico hay tres quórumes:

1.El quórum de diáconos, que lo componen hasta doce diáconos (véase D. y C. 107:85). El obispo es quien llama a la presidencia del quórum de diáconos seleccionándola de entre los miembros de ese quórum.

2.El quórum de maestros, que lo componen hasta veinticuatro maestros (véase D. y C. 107:86). El obispo es quien llama a la presidencia del quórum de maestros seleccionándola de entre los miembros de ese quórum.

3.El quórum de presbíteros, que lo componen hasta cuarenta y ocho presbíteros (véase D. y C. 107:87–88). El obispo del barrio, al cual pertenece el quórum, es quien preside sobre este quórum. El obispo es un sumo sacerdote y por lo tanto pertenece también al quórum de sumos sacerdotes.

Cuando el número de miembros de un quórum exceda la cantidad especificada, el quórum se puede dividir.

 

 

 

Los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec

En las estacas de Sión existen los siguientes quórumes del Sacerdocio de Melquisedec:

El quórum de élderes

Todo quórum de élderes “…se ha instituido para los ministros residentes; no obstante, pueden viajar, pero son ordenados para ser ministros residentes” (D. y C. 124:137). Ellos hacen la mayor parte de la obra cerca de sus casas. El quórum consta de hasta noventa y seis élderes, presididos por una presidencia de quórum llamada por el presidente de estaca.

El quórum de sumos sacerdotes

Cada quórum abarca todos los sumos sacerdotes que residen dentro de los límites de una estaca, incluyendo a los patriarcas y obispos. El presidente de estaca y sus consejeros constituyen la presidencia de ese quórum. En cada barrio, los sumos sacerdotes están organizados en un grupo bajo la dirección de un líder de grupo.

 

La importancia de los quórumes del sacerdocio

Cuando a un adulto o a un joven se le ordena al sacerdocio, automáticamente se convierte en miembro de un quórum del sacerdocio. A partir de ese momento y durante toda la vida, se espera que sea miembro de un quórum del sacerdocio según el oficio que tenga dentro de él. (Véase Boyd K. Packer, “El quórum”, en Fortalece a tus hermanos, [Guía de estudio personal del Sacerdocio de Melquisedec, número 4], págs. 147–153.) Si un quórum del sacerdocio funciona como debe, los miembros del quórum recibirán aliento, serán bendecidos, hermanados y sus líderes les enseñarán el Evangelio. Aun cuando un hombre sea llamado y relevado de algunas asignaciones dentro de la Iglesia, por ejemplo, de maestro, oficial, obispo, miembro del sumo consejo o presidente de estaca, el hecho de ser miembro de su quórum no cambia. El ser miembro de un quórum del sacerdocio debe considerarse un privilegio sagrado.

 

Con éste resumen espero haber alcanzado el objetivo, el de ilustrar a todos los presentes y de recordar a todos los varones cuan importante es mantenerse digno dentro del sacerdocio en cualquiera de los oficios con los cuales hemos sido bendecidos. Testifico estimados hermanos que es una gran bendición la autoridad que se nos da para actuar en el nombre del Señor y hacer Su obra sobre la tierra. Esto lo manifiesto en el sagrado nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

 

Ref. “Principios del Evangelio”; Cap. 14.