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La situación de una persona que esté pensando en el suicidio  es grave. Además de la ayuda del Señor, esta persona necesita ayuda profesional, que podría incluir asesoramiento y medicación.

Las personas que padecen depresiones se sienten desesperanzadas e indefensas, y suelen vacilar en pedir ayuda. Aun si esta persona ha pedido que no se le diga a nadie, contárselo a alguien que pueda ayudarle es una de las mejores cosas que se puede hacer por ella. Al menos, hablar con su familia. También se puede pedir consejo a un médico, a un asesor escolar o a un obispo o presidente de rama.

Es urgente notificar el problema de esta persona si ella ha hablado de suicidio.

 Las personas que padecen depresión a menudo piensan que no le importan a nadie. Se les debe ayudar a saber que uno se preocupa por ella y recordarle de las muchas otras personas que también lo pueden hacer; además, se le debe decir con sinceridad lo que se valora en ella e invitarla a actividades divertidas y edificantes.

El prestar servicio es particularmente bueno porque le ayudará a centrarse en otras personas y las actividades físicas le levantarán el ánimo. Se debe orar en busca de guía para saber qué es lo mejor para ella.

Esta persona podría sentirse deprimida porque no cree que su vida tenga un propósito, pero nuestro Padre Celestial tiene un plan especial para cada uno de nosotros. Él nos envió aquí para tener gozo, superar pruebas y cumplir con un fin. Se puede compartir este testimonio con esta persona y darle esperanza de que, con el tiempo y la ayuda adecuada, podrá disfrutar de la vida.

Es bueno recordarle que es normal tener algunas preocupaciones. El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Desde el principio se supo que la vida nos presentaría ciertos desafíos. Es normal sufrir algo de ansiedad, depresión, desilusión e incluso algunos fracasos… Existe un propósito para nuestra lucha en la vida”1. Lo que no es normal es pasar tanto tiempo pensando en los problemas, que se pierde de vista lo que realmente tiene importancia. Es mejor encararlos y fortalecerse gracias a ellos.

Es bueno recordarle también que cuenta con muchas fuentes de ayuda. La depresión es un síntoma de una enfermedad mental o emocional. Del mismo modo que iría donde un médico  a tratarse una enfermedad física, puede hablar con un profesional que le ayude a entender la naturaleza de la depresión y enseñarle cómo sobrellevarla.

Tanto si es miembro de la Iglesia como si no, puede recibir ayuda espiritual; también puede orar, recibir una bendición del sacerdocio y hallar consuelo en la lectura de las Escrituras. Se le debe testificar de que el Señor la ama y puede bendecirla con paz (véase Juan 14:27).

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