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Hace algunos días atrás, estuve con un amigo que está en pleno proceso de divorcio y me contaba todas las penurias que está pasando con sus dos hijas, por este motivo. Cuando conocí a sus niñas, vi a dos hermosas criaturas de 12 y 7 años de edad; yo sinceramente sentí una tremenda tristeza en mi corazón al verlas. Había algo en ellas que no se podían explicar y vi también en sus ojos la angustia de un hijo que no entiende por qué ocurren estas cosas. Evidentemente las justificaciones que él me contaba eran las de un matrimonio que había fracasado. Inmediatamente recordé lo que escuché una vez, “… cuando uno llega al divorcio es porque no ha entendido lo que significa el matrimonio…”. Por éste motivo, quiero compartir con ustedes, mis amables lectores, una parte del mensaje de la Primera Presidencia, por el ya fallecido Presidente James E. Faust respecto a los padres y el matrimonio que está publicado completamente en la Liahona de Agosto 2004, pág. 3.

 

Es inútil entrar en un debate en cuanto a cuál de los padres es más importante. Nadie puede dudar de que la influencia de la madre es de suma trascendencia para los recién nacidos y durante los primeros años de la vida del niño. La influencia del padre cobra importancia a medida que el hijo crece; sin embargo, ambos padres son necesarios en las diversas etapas del desarrollo del niño. Tanto los padres como las madres hacen muchas cosas intrínsecamente diferentes por sus hijos; ambos reúnen las características para criarlos, pero sus métodos de hacerlo son diferentes; parecería que la madre toma un papel preponderante en preparar al niño para vivir con la familia en el presente y en el futuro; el padre parece estar mejor habilitado para prepararlo a desenvolverse en un entorno fuera de la familia.

Una autoridad en la materia declara: “Los estudios demuestran que el padre tiene una función muy importante en edificar el autorrespeto del niño; también es importante, en formas que en realidad no comprendemos, para determinar la habilidad que tiene el niño para dominar la frustración”. Y continúa diciendo: “La investigación indica también que el padre es fundamental en el establecimiento de la identidad sexual de los hijos. Es interesante notar que la participación del padre crea una identidad sexual y un carácter más fuerte tanto en los niños como en las niñas. Es un hecho comprobado que tanto la masculinidad en los varones como la femineidad en las niñas son mucho más pronunciadas cuando los padres toman parte activa en la vida familiar”5.

Sea cual sea la situación marital en la que se encuentren, los padres tienen la obligación de dejar de lado sus diferencias personales y fomentar la buena influencia mutua en sus hijos. ¿Sería posible darle a la mujer todos los derechos y las bendiciones que provienen de Dios y de la autoridad legal sin disminuir la nobleza de la otra grandiosa creación divina, el hombre? En 1872 se registró la siguiente reflexión al respecto:

“La condición social de la mujer es uno de los asuntos de mayor actualidad, y el mundo se ve obligado a prestarle atención tanto en el aspecto social como en el político.

Hay quienes… se niegan a reconocer que la mujer esté capacitada para disfrutar de cualquier derecho aparte de los que… los caprichos, las modas o la justicia… de los hombres puedan decidir otorgarle. Critican y se burlan de las razones que no pueden rebatir, un antiguo ardid que emplean los que se oponen a principios correctos que les es imposible cambiar. Otros… no sólo reconocen que la condición de igualdad social de la mujer debe aceptarse, sino que además son tan intransigentes con sus teorías exageradas que la colocarían en abierto antagonismo con el hombre, la forzarían a una existencia separada y opuesta, y demostrarían al mundo lo absolutamente independiente que ella puede ser […] Querrían que [la mujer] adoptara algunos aspectos desagradables de carácter que a veces presenta el hombre y que él debería desechar o mejorar en lugar de pretender que la mujer los imitara. Éstos son los dos extremos. Entre ambos se encuentra la situación ideal”6.