Etiquetas

,


Un sábado por la tarde, veía un programa infantil por TV con mi pequeño sobrino de 9 años. El programa trataba de un supuesto maestro vestido como un payaso, que les explicaba a los niños el origen de su existencia. En medio de la explicación y con el mayor desparpajo, este “maestro” afirmó, que el ser humano era un descendiente del mono y que por lo tanto, ellos (los niños) deberían sentirse unos primates muy inteligentes, porque eso era lo que eran y que todo lo contrario eran pamplinas.

Como comprenderán yo me quedé perplejo por esta barbaridad y tuve el deseo de apagar el televisor para que el niño no siguiera escuchando al payaso, sin embargo, mi pequeño sobrino, se dio cuenta de mi preocupación y con mucha tranquilidad me dijo, … tío no te preocupes, ese payaso siempre dice tonterías, yo no le creo nada, yo solo veo este programa por los dibujos que sí me gustan, … yo sé que Dios nos creo y que somos iguales a Él.

El testimonio de este pequeño, me llenó el corazón de paz hasta sentir mis ojos húmedos y me hizo meditar en lo importante que son las enseñanzas de los padres para fortalecer el espíritu de los niños cuando éstos se enfrenten al mundo.

Esta experiencia me hizo recordar que bajo la dirección de nuestro Padre Celestial, Jesucristo formó y organizó la tierra para la creación más importante: el género humano. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”(Génesis 1:27).

Al respecto y con mucha claridad, el presidente Boyd K. Packer; en el artículo “¿Quién es Jesucristo?”, Liahona Marzo 2008; escribió lo siguiente:

“En Génesis, en Moisés, en Abraham, en el Libro de Mormón y en la investidura se nos enseña que el cuerpo mortal del hombre fue hecho a la imagen de Dios, creado separadamente de todo lo demás. Si la Creación se hubiera realizado de otra forma, no habría podido haber una Caída.

Si los hombres fueran simplemente animales, la lógica daría lugar a la libertad sin responsabilidad.

Sé muy bien que entre los eruditos hay algunos que miran a creaciones inferiores, como los animales y las rocas, para encontrar el origen del hombre. No miran dentro de sí mismos para hallar allí el espíritu, sino que se capacitan para medirlo todo por el tiempo, por miles y millones de años, y afirman que todos esos animales llamados hombres son obra de la casualidad. Y por supuesto, tienen la libertad de decirlo, porque gozan de albedrío.

Pero nosotros también tenemos albedrío y miramos hacia lo alto; en el universo vemos la obra de las manos de Dios y lo medimos todo por épocas, por siglos, por dispensaciones, por eternidades. Lo mucho que no sabemos, lo aceptamos por la fe.

¡Pero esto sí sabemos! Que todo fue planificado “antes que el mundo fuese” (D. y C. 38:1; véase también D. y C. 49:17; 76:13, 39; 93:7; Abraham 3:22–25). Los acontecimientos que van desde la Creación hasta la escena final, la clausura, no se basan en la casualidad, sino que se basan en una decisión que se tomó. Se planificó de esa manera.

¡Esto es lo que sabemos, esta verdad pura! Si no hubiera habido una Creación ni una Caída, no habría sido necesaria ninguna Expiación, ni tampoco un Redentor para mediar por nosotros. Entonces Cristo no hubiera tenido razón de ser.”

Estimados lectores, una vez más, las enseñanzas de nuestros profetas, siempre serán un motivo para recordarnos quiénes somos y explicarnos por qué estamos aquí.

Ref. Foto: http://farm2.static.flickr.com/1058/1460099219_63d3a1f36e_o.jpg

Anuncios