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Desde cuando el Señor puso al hombre sobre la tierra, en el mundo ha existido la necesidad del arrepentimiento. Porque el hombre fue puesto en la tierra durante un periodo de vida con el propósito de crecer y de progresar. En éste periodo de vida, el hombre comete una serie de pecados, ya sea por ignorancia, por debilidad o simplemente por desobediente y por lo tanto necesita arrepentirse.

La definición de pecado, la podemos encontrar en Santiago 4:17 leemos: “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”; del mismo modo en 1 Juan 5:17 se lee: “Toda injusticia es pecado, …”; también en 1 Juan 3:4 se lee: “… pues el pecado es infracción de la ley”.

Por lo tanto todas las personas que han vivido y viven sobre la tierra, con excepción de Jesucristo, quien vivió una vida perfecta, han pecado. Nuestro Padre Celestial, en Su infinita bondad y amor, nos proporciona la oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados.

No hay una senda al arrepentimiento, todo hombre debe seguir el curso natural hacia él admitiendo los principios del arrepentimiento, los cuales son:

–          Debemos reconocer nuestros pecados.

–          Debemos sentir pesar por nuestros pecados.

–          Debemos abandonar nuestros pecados.

–          Debemos confesar nuestros pecados.

–          Debemos restituir el daño.

–          Debemos perdonar a los demás

–          Debemos guardar los mandamientos de Dios.

Arrepentirse no es seguir una lista de pasos sencillos o acciones rutinarias, es entender estos principios del arrepentimiento, así por ejemplo:

Cuando decimos que debemos reconocer nuestros pecados, nos estamos refiriendo a que debemos admitir que hemos pecado. Si no lo hacemos, no puede haber arrepentimiento. Es imposible que escondamos de nosotros mismos o del Señor ningún hecho de nuestra vida.

Además de reconocer nuestros pecados, debemos sentir un verdadero pesar por lo que hemos hecho. Debemos sentir que nuestros pecados son algo aterrador. Debemos sentir el deseo de deshacernos de ellos y abandonarlos.

Nuestro pesar sincero debe conducirnos a abandonar nuestros pecados. Si hemos robado algo, no robaremos nunca más; si hemos mentido, dejaremos de hacerlo; si hemos cometido adulterio, dejaremos de hacerlo.

El confesar nuestros pecados es muy importante. El Señor nos ha mandado confesar nuestros pecados, ya que la confesión libra al pecador de una pesada carga.

Parte del arrepentimiento es restituir el daño cometido. Lo cual significa que debemos tratar de reparar en lo posible el mal que hemos causado.

Una parte vital del arrepentimiento es la de perdonar a los demás por los pecados que hayan cometido contra nosotros. El Señor no nos perdonará a menos que nuestro corazón se encuentre perfectamente limpio de cualquier odio, rencor o sentimiento malo en contra de otras personas.

Para que nuestro arrepentimiento sea total debemos guardar los mandamientos del Señor

Al arrepentirnos, la expiación de Jesucristo llega a tener un efecto plenamente eficaz en nuestra vida y el Señor perdona nuestros pecados; nos liberamos de la esclavitud del pecado y encontramos gozo.

Para finalizar, no debemos postergar nuestro arrepentimiento. Debemos arrepentirnos ahora mismo y cada día. Cuando nos levantamos por la mañana, debemos examinarnos para saber si el Espíritu de Dios está con nosotros. En la noche, antes de dormirnos, debemos repasar lo que hemos hecho y dicho durante el día y pedirle al Señor que nos ayude a reconocer las cosas por las cuales debemos arrepentirnos. Al arrepentirnos todos los días y al obtener del Señor el perdón de nuestros pecados, experimentaremos el proceso diario de llegar a ser perfectos.

Ref. :“Principios del Evangelio” Cap. 19; Pág. 117.

Ref. Foto: http://killuminati2012.files.wordpress.com/2009/10/arrepentimiento.jpg

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