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En la página 61 del manual ” Predicad mi Evangelio” encontramos una lección que es muy hermosa y sobre todo clara respecto a la fe en Jesucristo que quiero compartir con ustedes amados lectores.

El primer principio del Evangelio es la fe en el Señor Jesucristo, lo cual incluye tener una firme creencia de que Él es el Hijo Unigénito de Dios y el Salvador y Redentor del mundo. Reconocemos que podemos regresar a vivir con nuestro Padre Celestial sólo al depender de la gracia y la misericordia de Su Hijo. Cuando tenemos fe en Cristo, aceptamos y aplicamos Su expiación y Sus enseñanzas. Confiamos en Él y en lo que dice. Sabemos que Él tiene el poder de cumplir Sus promesas. Nuestro Padre Celestial bendice a aquellos que tienen fe para obedecer a Su Hijo.

La fe en Cristo nos lleva a la acción y al arrepentimiento sincero y duradero. Tener fe hace que nos esforcemos al máximo para aprender en cuanto a nuestro Salvador y llegar a ser más como Él; deseamos saber cuáles son Sus mandamientos y obedecerlos y, aunque todavía cometeremos errores, demostramos nuestro amor por Él al esforzarnos por guardar Sus mandamientos y evitar el pecado.

Creemos en Cristo y creemos que Él desea que guardemos todos Sus mandamientos. Deseamos obedecerle a fin de demostrar nuestra fe. Oramos con fe, pidiendo fortaleza para vencer las tentaciones; de igual manera, podemos cultivar la fe en un principio en particular, tal como la Palabra de Sabiduría o el diezmo, al creer primero en Jesucristo con suficiente firmeza como para obedecer Sus mandamientos. Al vivir un mandamiento específico, aprendemos la veracidad de él por propia experiencia (véase Juan 7:17). También aumentamos nuestra fe al oír la palabra de Dios (véase Romanos 10:17) y al leer la palabra de Dios (véase Helamán 15:7–8).

Al obedecer a Dios, Él nos bendice; nos da el poder para enfrentar los desafíos de la vida y nos ayuda a cambiar los deseos de nuestro corazón. Por medio de la fe en Jesucristo, Él puede sanarnos, tanto física como espiritualmente.