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Alma, un profeta del Libro de Mormón, escribió: “…todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo” (Alma 30:44). Al observar el cielo por la noche, tendremos una idea más clara de lo que Alma quiso decir. Hay millones de estrellas y planetas, todos en perfecto orden, y no están ahí por casualidad. Podemos ver las obras de Dios tanto en el cielo como en la tierra. La gran variedad de plantas hermosas, los diferentes tipos de animales, las montañas, los ríos y las nubes que nos proporcionan lluvia y nieve; todo ello nos testifica que hay un Dios.

Los profetas nos han enseñado que Dios es el Ser Todopoderoso que gobierna el universo. Dios mora en los cielos (véase DyC 20:17). Por conducto de Su Hijo Jesucristo, Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas que hay en ellos (véase 3Nefi 3:15; Moisés 2:1). Hizo la luna, las estrellas y el sol; organizó este mundo y le dio forma, movimiento y vida. Llenó el aire y las aguas con seres vivientes. Cubrió las colinas y las planicies con toda clase de vida animal; nos dio el día y la noche; el verano y el invierno; la época de siembra y de cosecha. Creó al hombre a Su propia imagen para que gobernase sobre Sus otras creaciones (véase Génesis 1:26-27).

Dios es el Ser Supremo y Absoluto en quien creemos y a quien adoramos. Él es “el Gran Padre del universo”, y “vela por todos los de la familia humana con cuidado y consideración paternales” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 41).

La naturaleza de Dios

Debido a que somos creados a Su imagen (véase Moisés 2:26; 6:9), sabemos que nuestro cuerpo es semejante al de Él. Su espíritu eterno está albergado en un cuerpo tangible de carne y huesos (véase DyC 130:22). Sin embargo, el cuerpo de Dios es glorificado y perfecto, con una gloria que no admite descripción.

Dios es perfecto; es un Dios de rectitud, con atributos tales como el amor, la misericordia, la caridad, la verdad, el poder, la fe, el conocimiento y el juicio. Tiene todo poder, conoce todas las cosas y está lleno de bondad.

Todo lo bueno proviene de Dios; y todo lo que Él hace tiene el objeto de ayudar a Sus hijos a llegar a ser como Él. Dios ha dicho: “…he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Cómo llegar a conocer a Dios

El llegar a conocer a Dios es tan importante que el Salvador dijo: “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

El primer y gran mandamiento es: “…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Mateo 22:37).

Cuanto más conocemos a Dios, más lo amaremos y guardaremos Sus mandamientos (véase 1Juan 2:3-5), y al guardar Sus mandamientos podremos llegar a ser como Él.

Podremos conocer a Dios si:

  • Creemos que existe y que nos ama (véase Mosiah 4:9).
  • Estudiamos las Escrituras (véase 2Timoteo 3:14-17).
  • Oramos a Él (véase Santiago 1:5).
  • Obedecemos todos Sus mandamientos lo mejor que podamos (véase Juan 14:21-23).

Si hacemos estas cosas, conoceremos a Dios y finalmente obtendremos la vida eterna.

REf.: http://lds.org/manual/gospel-principles/01?lang=spa