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En la última Conferencia General de la Iglesia, el Élder Anthony D. Perkins, de los Setenta, dio un interesante mensaje cuyo contenido recomendaba que nos debemos mantener en  el camino del sacerdocio profundizando nuestra conversión y fortaleciendo  a nuestra familia. Nos recomendaba que debíamos evitar la tragedia prestando atención a las  señales espirituales de Precaución que Dios y los profetas han puesto en nuestro camino.

Dijo que nuestro Padre Celestial nos ha  mandado que tuviéramos cuidado; porque Él sabe que Satanás es un ser real que es capas de arrastrar nuestra  alma a lo mas bajo. Dios también sabe que dentro de cada  poseedor del sacerdocio hay un “hombre natural” del cual, nuestros profetas nos invitan a despojarnos y ser “de Cristo… revestidos” mediante la fe, el arrepentimiento, las ordenanzas de salvación y vivir el Evangelio diariamente. 

Dijo que para permanecer a salvo en el camino del sacerdocio entre el alud de rocas de la tentación, nos recuerda seis principios fundamentales que profundizan la conversión y fortalecen a la familia.

Primero, el orar siempre abre la puerta a la ayuda divina para “vencer a Satanás”. Cada vez que Jesús advierte a los poseedores del sacerdocio que se cuiden, “porque Satanás desea zarandearlos”, señala la oración como la acción para contrarresta la tentación. El presidente Thomas S. Monson enseñó: “Si alguno de nosotros ha sido lento en prestar atención al consejo de orar siempre, no hay mejor momento para empezar que ahora mismo… Una persona jamás se eleva a mayor altura que cuando está arrodillada orando”.

Segundo, el estudio de las Escrituras antiguas y modernas nos conecta con Dios. El Señor advirtió a los miembros de la Iglesia que “tuvieran cuidado de cómo… estiman a los profetas, no sea que los menosprecien, y con ello incurran en la condenación, y tropiecen y caigan”. Para evitar esa solemne condenación, debemos leer con diligencia las Escrituras, así como las revistas y los sitios web de la Iglesia que nos permitan “recibir palabras de consejo en una forma íntima y personal por medio del profeta escogido del Señor”.

Tercero, el participar dignamente en las ordenanzas nos prepara para tomar “al Santo Espíritu por guía”. Cuando el Salvador advirtió: “…cuidaos a fin de que no os engañen”, prometió que no lo seremos si “buscamos diligentemente los mejores dones” del Espíritu. El participar dignamente de la Santa Cena cada semana habilita a los miembros para que “siempre puedan tener su Espíritu consigo”. Al adorar en el templo, podemos “recibir la plenitud del Espíritu Santo”.

Cuarto, demostrar amor genuino es la esencia de la conversión personal y de las relaciones familiares. El rey Benjamín indicó: “Mas cuidaos… no sea que surjan contenciones entre vosotros”. Nunca olviden que Satanás es el “padre de la contención” y que procura que los miembros de la familia “contiendan y riñan”. Hermanos, si maltratamos emocional, verbal o físicamente a algún miembro de nuestra familia, o amedrentamos a cualquier persona, entonces perdemos el poder del sacerdocio. Escojan controlar el enojo. Los miembros de la familia deben escuchar de nuestra boca bendiciones, no maldiciones. Debemos influenciar a los demás sólo con persuasión, longanimidad, benignidad, mansedumbre, amor sincero, bondad y caridad.

Quinto, obedecer la ley del diezmo es un elemento esencial de la fe y de la unidad familiar. Debido a que Satanás utiliza la avaricia y la búsqueda de posesiones para desviar a las familias del camino celestial, Jesús aconsejó: “…guardaos de toda avaricia”. La avaricia se restringe cuando administramos bien nuestro ingreso, pagamos un diezmo íntegro y una ofrenda de ayuno generosa, presupuestamos los gastos necesarios, evitamos las deudas innecesarias, ahorramos para necesidades futuras y llegamos a ser autosuficientes en lo temporal. La promesa que Dios nos hace es: “…buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Sexto, vivir plenamente la ley de castidad produce confianza para estar “en la presencia de Dios” con el Espíritu Santo como nuestro “compañero constante”. Satanás está atacando la virtud y el matrimonio con una avalancha de obscenidad. Cuando el Señor advirtió a los adúlteros: “cuídense… y arrepiéntanse cuanto antes”, Su definición se extendía más allá del acto físico del adulterio a los pensamientos lujuriosos que lo preceden. Los profetas y apóstoles modernos han hablado con frecuencia y claramente sobre la plaga de la pornografía. El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: “La pornografía es como una furiosa tempestad que destruye a personas y a familias, y que aniquila totalmente lo que una vez fue sano y hermoso… ha llegado la hora de que cualquiera de nosotros que se ocupe en tales prácticas se retire del fango”. Si se ven tentados a violar la ley de castidad en cualquier forma, sigan el ejemplo de José de Egipto que “…huyó y salió afuera”.

Estos seis principios fundamentales ayudan a los poseedores del sacerdocio a continuar ascendiendo por el camino celestial con seguridad entre las vallas de contención espirituales de la conversión personal y las relaciones familiares. Jóvenes, el obedecer estos principios los preparará para los convenios del templo, el servicio misional de tiempo completo y el matrimonio eterno. Esposos y padres, el vivir estos principios los habilitará para presidir su hogar en rectitud y servir como el líder espiritual de su familia, con su esposa como compañera en igualdad. El camino del sacerdocio es un trayecto lleno de gozo.