dsc_0042 Dios ama a todos Sus hijos Nada demuestra de manera más plena la profundidad y el alcance del amor de Dios que Su buena disposición de sacrificar a Su Hijo para que nosotros, Sus hijos, pudiéramos superar la muerte y se nos ofreciera la vida eterna. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Nada expresa mejor el amor de Jesucristo por todos nosotros que Su buena disposición de dar Su vida para expiar los pecados de la humanidad, compensar todo el sufrimiento y las injusticias, y soltar las ligaduras de la muerte (véase Alma 7:11–13). “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (véase Juan 15:13). En un discurso de la Conferencia General de octubre de 2009, el presidente Dieter F. Uchtdorf describió el amor de Dios: “Dios no mira la apariencia exterior. Yo creo que a Él no le importa para nada si vivimos en un castillo o en una casita, si somos apuestos o no, si somos famosos o desconocidos. Aunque estemos incompletos, Dios nos ama completamente; aunque seamos imperfectos, Él nos ama perfectamente; aunque nos sintamos perdidos y sin brújula ni guía, el amor de Dios nos rodea por completo. “Él nos ama porque está lleno de una medida infinita de amor santo, puro e indescriptible. Somos importantes para Dios no por nuestro currículo, sino porque somos Sus hijos. Él nos ama a cada uno”. (“El amor de Dios”, Conferencia General de octubre de 2009). Dios nos ama a todos. Él ama a aquellas personas de diferentes religiones y a las que no tienen religión. Ama a aquellos que sufren; ama al rico al igual que al pobre; ama a la gente de todas las razas y culturas, a los casados o solteros y a los que sienten atracción hacia personas del mismo sexo o se identifican como homosexuales, lesbianas o bisexuales. Y Dios espera que sigamos Su ejemplo.

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